
Caronte en El paso de la laguna Estigia. PATINIR.
Pureza de corazón. Cuento nº 9.
Se trataba de dos ermitaños que vivían cada uno en un islote. El ermitaño joven era muy arrogante, había conseguido hacerse muy célebre y gozaba de gran reputación, en tanto que el ermitaño anciano era un desconocido y nadie reparaba en él. Un día, el anciano cogió una barca y se desplazó hasta el islote del ermitaño afamado. Le saludó respetuosamente y le pidió instrucción espiritual. El ermitaño joven le entregó un mantra y le dio instrucciones de cómo debía recitarlo. Agradecido, el anciano volvió a tomar la barca para regresar a su islote. Mientras, el ermitaño joven se sintió muy orgulloso por haber sido reclamado espiritualmente. El anciano era una persona muy sencilla y de corazón puro. Toda su vida no había hecho otra cosa que ser un hombre de buenos sentimientos y ahora, ya en su ancianidad , quería seguir alguna práctica metódica.
Estaba el joven ermitaño leyendo las escrituras, cuando, pasadas unas horas, regresó el anciano. Estaba compungido y dijo:
Venerable asceta, resulta que he olvidado las palabras exactas del mantra. Siento ser un pobre ignorante. ¿Puedes repetírmelo?
El joven miró al anciano con condescendencia y le repitió el mantra. Arrogante, se dijo a sí mismo:
“Poco podrá este hombre avanzar por la senda de la sabiduría si ni siquiera es capaz de recordar el mantra”.
Pero su sorpresa fue mayúscula cuando de repente vio cómo el anciano partía hacia su islote caminando sobre las aguas.
Comentario de Ramiro Calle:
“No es sólo practicar la técnica, sino la actitud, motivación e intención con la que se practique. La mejor técnica practicada con aspiración incorrecta da muchos menos frutos que la que no es tan buena pero es ejecutada con intención pura y recta aspiración".
( Los Mejores Cuentos Espirituales de Oriente. R. Calle)
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