Zao Wou-KiYa he referido anteriormente en estas páginas que tuve el privilegio de conocer a Castaneda y a las Brujas y que pude recibir sus anheladas enseñanzas.
Sublime fue todo el evento, y quiero reseñarlo aquí, por ser un suceso memorable de mi vida, memorable por sublime y sublime porque cambió muchas cosas importantes, cambio necesario para bien de mi evolución personal.
Lo comparto con vosotros como una manera de pagar mi enorme deuda.
Debido a lo importante que era para mí semejante aventura, escribí, a salto de mata, un cuaderno del viaje alucinante que viví, durante los dos meses que pasé en California y en México.
En Julio de 1996 asistí a mi primer seminario con Castaneda y las Brujas. También era mi primer viaje a Los Ángeles y además sola.
Recojo, del diario que escribí hace trece años, algunos párrafos que nos sitúen en mi primer encuentro con Castaneda:
“Por fin estaba en la UCLA (Universidad de California. Los Ángeles), el seminario se daba en el Paule Pavilion: Un campo de deportes cubierto enorme, en su pista cabrían con holgura cuatro canchas de baloncesto, o quizas más. Todo el suelo de madera y unas instalaciones perfectas. Un estrado con cuatro plataformas unidas hacían de gran escenario, mil sillas alrededor. Los ochocientos participantes, (quedaron fuera sin poder entrar unos trescientos y pico), más el personal que trabajaba en el curso: Unos cincuenta entre chacmoles (monitores de los ejercicios de tensegridad), traductores, organizadores, todos ellos como piezas de un engranaje perfecto. Yo no podía pensar, todo era tan sorprendente.
Espectantes ante la inminente aparición de Castaneda, hablábamos bajito o guardábamos silencio, pasmados ante semejante organización, mientras se ajustaban los micrófonos de las respectivas traducciones, el seminario era en inglés, así que los rusos, portugueses, franceses, italianos, japoneses, chinos, alemanes y de habla hispana, todos los que no “dominábamos” el inglés tendríamos nuestra traducción correspondiente con auriculares.
Mirando a mi alrededor veía desde chavales muy jóvenes hasta “puretas” de 70 años, todas las edades, hombres y mujeres muy diversos en su vestimenta, su idioma, su físico pero “casi” todos con la misma actitud de respeto y emoción.
La mayoría sabíamos muy bien porqué estábamos allí y eso se notaba.
La vibración era emotiva, alta y espectante.
Entre los de habla hispana ( argentinos, peruanos, mejicanos,bolivianos, uruguayos, venezolanos, catalanes, madrileños, andaluces) los españoles éramos el grupo más numeroso, setenta en total. Había gente que se me acercaba y me miraban con insistencia hablando luego entre sí, al principio estaba algo desconcertada pues trataba de no llamar la atención y estaba muy seria y modosita. Por último alguien que estaba a mi lado, al notar mi desconcierto me dijo: No te preocupes, te pareces mucho a Talía Bey la presidenta de Clear Green y a las Brujas sobre todo a Carol, por eso tanto revuelo, al principio creíamos que eras una de ellas.
Me gustó sentirme parecida ante la mirada de algunos, era un buen augurio.
Llegó el momento y aparecieron todos: primero las brujas Carol, Taisha y Florinda, después Talía Bey, los y las chacmoles, rastreadores/as de energía, exploradores del infinito, todos impresionantes, sobre todo una niña de 9 años, china: Kora, que Castaneda decía que era su nieta y que actuaba de Chacmool, danzarina de los pases mágicos (Tensegridad), era preciosa y al parecer sólo llevaba un año con ellos, cuando llegó pesaba 20 Kilos más, ahora era increible verla moverse.
Todo el mundo en pié , emocionados hasta la médula los vimos aparecer. Carlos Castaneda subió la escalera del podium, lleno de vigor y de alegría, un viejito pequeño y delgado (estaba rondando los setenta años y tan sólo le quedaban tres años para irse de esta vida, se rumoreaba que estaba muy enfermo), pero fuerte, ágil, lleno de vitalidad y energía subió al escenario y desde allí nos abrazaba a todos haciendo gestos de regocijo y de emoción. Con un gesto cortó en seco los aplausos y los gritos y comenzó a hablar.
Yo lo escuchaba alucinada sin ponerme los auriculares, quería oír su voz, lo contemplaba extasiada, después de tantos años leyendo sus libros y admirándolo, tratando de practicar lo que podía y creyendo que no llegaría a conocerlo, allí estaba mirándonos a todos, paseándose por el escenario con un total dominio del gesto y la palabra, me puse los auriculares, la traductora era increiblemente buena, se podía oir la voz de Castaneda y a la vez la voz de la traductora suave y clara se filtraba por debajo, ella era “la exploradora del mediodía”, una bruja de la traducción, transmitía todas las expresiones, los giros, los juegos de palabras y las disyunciones cognitivas a las que tan aficionado era Castaneda y todo ello con una vocecita dulce y clarísima que no restaba para nada a la voz de Castaneda que se oía con total claridad, una maniobra más de brujería auténtica.
No pretendo explicar lo que Castaneda nos decía, sería empobrecer totalmente el mensaje, explicar lo inexplicable, imposible transmitir tal experiencia, pero, desde la inocencia y el deseo de dar lo poco que sé, sí trataré de hacer un pequeño resumen de mis vivencias y de lo que pude captar de acuerdo a mis percepciones del momento.
A pesar de que Castaneda insistía una y otra vez en la imposibilidad de expresar y de comunicar lo que tenía para nosotros a través de la sintaxis y de que urgía inventar un nuevo lenguaje, su claridad en la exposición era total. Nunca jamás oí a nadie expresarse con esa claridad, contundencia, seguridad, sabiduría y gracia, cualquier verdad que nos daba la apuntalaba con miles de anécdotas, ejemplos y parodias, que ponían al descubierto una crítica feroz a todo lo que consideramos establecido, no dejaba títere con cabeza. Sus expresiones, sus caras, sus imitaciones, sus increíbles parodias, su ligereza, su profundidad, su gracia irresistible. Nos hacía reír hasta llorar. Y de vez en cuando lanzaba preguntas:
¿Qué nos han hecho? El ser humano nunca fue así, el ser humano es un viajero del infinito, que ha sido detenido en su viaje y está atrapado sin poder salir. ¿Quién nos ha hecho esto? ¿En qué nos hemos convertido?.
Seguía con una parodia de la autocompasión, de la egomanía, o de cualquiera de las estupideces humanas.
A la hora y media de estar hablando, Talía Bey, presidenta de Clear Geen, se ponía de pié y señalando el reloj le indicaba que ya tenía que dejarlo, Castaneda, que continuaría durante cuatro horas más con el mismo ritmazo , cada vez que Talía le hacía gestos de parar, él hacía un comentario jocoso y sorprendente sobre ella que nos partía de risa, o bien se refería a ella como su mami que le estaba reconviniendo y no le dejaba en paz o bien decía:
“Es una bestia, y no me paga, me acosa para que escriba, para que hable y luego no me paga”
Talía se reía y le seguía el juego, todos estallábamos en carcajadas con sus gestos y sus cambios de voz; nos sorprendía en el turno de preguntas por la contundencia de sus respuestas, Castaneda sin pelos en la lengua daba a cada uno lo que merecía, así que cuando la pregunta era estúpida o tenía doble intención, desenmascaraba rápidamente al que fuera, pero lo hacía de tal manera que casi nadie se ofendía.
Ponía constantemente ejemplos de su propia estupidez y de cómo lo trataba don Juan. Por ejemplo refería que ante su auto-compasión y sus quejas don Juan se ponía con los brazos en cruz y le decía:
“Pobrecito, tu padre te rechazó y no te quería ¿verdad?, las mujeres siempre pasaron de ti por petiso (bajito) y por feo, nadie nunca te quiso ¿no es eso?-Castaneda con cara compungida asentía y asentía- Yo tengo un remedio para ti: Cuando llegues a tu apartamento abre bien la ventana, mira hacia fuera y tírate un peo sonoro, estruendoso, cuando hagas eso te habrás liberado”.
Más o menos así eran las contestaciones de don Juan cuando él se ponía baboso.
¿Cómo me ve don Juan? ¿Estoy mejor?.....
-Vete a cagar. -diría don Juan, como haciéndole ver que estaba lleno de mierda y que urgía que se limpiara pues si nó, no habría nada que hacer-.
Guía y consejero:
Castaneda no quiere que le sirvan, ni que nadie se le cuelgue. Insiste una y otra vez en que no es un maestro, que él no puede tener aprendices como los tenía don Juan. Al principio don Juan creyó que él iba a continuar su linaje, pero cuando descubrió que era un nahual (el que tiene la energía suficiente para dirigir su grupo de brujos) de tres puntas en vez de cuatro (configuración energética necesaria para formar un nuevo grupo y asegurar así la continuidad del linaje), comprendió que con Castaneda se cerraba el linaje.
“Yo soy un proletario, mi madre era una comunista ferviente y aunque murió cuando yo tenía seis años, por fortuna para mí, porque era una mujer tan fuerte que me habría devorado, a mí se me ha quedado grabado su sentido de la solidaridad. ¿Cómo voy a marcharme con estas tres? (señala a Carol, a Taisha y a Florinda), así no más, llevándome conmigo este conocimiento tan increíble, me parece absurdo, tengo que darlo a conocer y como no puedo tener aprendices al estilo de don Juan, porque se me acabó el tiempo, tengo muy poco tiempo en realidad ya es hora de irme, así es que tengo que actuar y pagar esta enorme deuda dándoos a vosotros, la masa, todo lo que sé, Don Juan me dijo : Puedes actuar de consejero y de guía. Aquí estoy , conozco la ruta y puedo guiaros y aconsejaros, daros un mapa, pero para ello tenéis que trabajar sin descanso.
Este es el seminario más largo y más numeroso que hemos tenido. El primero lo dimos el año pasado en Oklan, veo que hay gente aquí que asistió a ese seminario, se les nota el trabajo realizado, han conseguido en un año lo que los brujos tardaban infinidad de tiempo en conseguir, es increible hay dos que tienen a su cuerpo energético con ellos, superpuesto, han conseguido algo inaudito, y verlo es para mí algo tan exquisito...”
Julio 1996. Westwood . Los Ángeles. California.
Continuará...