Mostrando entradas con la etiqueta Krisnamurti y Trungpa. Mirar el desorden sin el yo.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Krisnamurti y Trungpa. Mirar el desorden sin el yo.. Mostrar todas las entradas

lunes, 23 de marzo de 2009

La Meditación. Krishnamurti con Chogyam Trungpa R.



Hace unos días vino a casa una amiga muy querida, me traía un regalo valioso, un libro de Juddy Krishnamurti con un CD , fíjate, me dijo mi amiga exaltada al darse cuenta de que había acertado ante mis muestras de alegría, fíjate bien, habla con Chogyam Trungpa R. y como yo sé que te gusta tanto … Estos regalos que tienen en cuenta al receptor siempre dan en la tecla.
Aún así mi amiga no supo hasta qué punto había acertado, trajo a mi memoria todo lo que Krishnamurti significó para mí en una etapa de mi vida. Me dedicaba a la enseñanza con gran ilusión, y en el momento justo cayó en mis manos “Principios del aprender”, luego fueron una serie de libros sobre la enseñanza, directamente hablaba a maestros y a alumnos, enseñando una nueva mirada, un enfoque hacia el que,“sin saber sabiendo”, me sentía irresistiblemente atraída. Decía que había que aprender a pensar, a observar, porque el hombre al estar dividido, no sabía ni podía observar.
“Cuando dejamos de aprender en nuestras relaciones, ya estemos estudiando, ya jugando, o lo que sea que hagamos, si meramente actuamos de acuerdo con el conocimiento que hemos acumulado, entonces viene el desorden”.
Después leí su biografía “Los años del despertar” de Mary Lutyens y comprendí muchas cosas que no entendía.
A los 27 años (1922) Juddy K. pasó por una experiencia espiritual que transformó su vida y fue el inicio de su independencia. Tanto él como su hermano escribieron relatos de esta experiencia y del llamado extraño “proceso” físico que le siguió.
Creo que es imprescindible conocer la vida de Krishnamurti, para comprender sus enseñanzas, sin un conocimiento de la educación que recibió, se pierde un eslabón vital en la evolución de las mismas. Sin este conocimiento, tampoco puede apreciarse en toda su magnitud el inmenso logro que representa el haber roto sus ataduras.
Mary Lutyens, implicada personalmente en muchos de los eventos de la vida de Krishnamurti, sigue paso a paso su desarrollo desde el momento en que siendo un niño aún en India, fué proclamado por los líderes de la Sociedad Teosófica como el vehículo para la venida del Mesías , hasta que a la edad de treinta y cuatro años rompió completamente con las influencias y organizaciones que pretendían restringirle al papel tradicional del Mesías.
Desde entonces ha seguido su propio camino como maestro original, viajando continuamente alrededor del mundo, hablando y escribiendo. Nació en el sur de la India, se educó en Inglaterra y Francia , vivió también en los Estados Unidos de Ámerica, no pertenece ni al Oriente, ni al Occidente; es auténticamente internacional.
Así que el regalo de mi amiga me trajo unos años de vida en los que fuí invitada a participar como ponente en un Congreso Internacional de Enseñanza y mi ponencia estuvo dedicada, ¿cómo no?, a Krishnamurti, en ella expuse todo lo que aprendí con él , hablé de cómo aprender a meditar con los alumnos, de como aprender a pensar, a observar. Terminé mi charla con una sesión de meditación con toda la sala, no sin antes pedir permiso y aconsejar al que no deseara meditar que saliera, se levantó un señor y los demás se quedaron.
Dias después de su muerte, le hice un homenaje en la radio.
De Ch. Trungpa ya he hablado en este blog, hay varias entradas, lo curioso es que al igual que Krishnamurti también él, llegado el momento, dejó de ser monje y le dió un vuelco a su vida. Rompió con las espectativas de muchos a la vez que fué revelación y ejemplo de que "la disciplina de ser uno mismo" (la disciplina más difícil según Trungpa) se puede llevar a cabo a pesar de cualquier obstáculo; romper la imagen que los demás quieren ver en nosotros, soltar las caretas que crean las espectativas del mundo, es revolucionario siempre, sin distinción de época ni lugar.
En cuanto al regalo de mi amiga, he decidido compartirlo con vosotros. En youtube tenéis los videos del encuentro entre Krishnamurti y Chogyam Trungpa R. Conversación en la que habla siempre Krishnamurti sobre la meditación, impresiona ver cómo lo escucha Trungpa R. Su manera de escuchar traduce con su gesto y expresión lo que es un acto de meditación en acción.
He copiado el texto del librito, dice así:

“La experiencia personal tiene muy poca validez en los asuntos religiosos; no obstante, los seres humanos han dado importancia a la persona. La persona representa la tradición, la autoridad, la forma de vivir, y a través de eso esperan conseguir o alcanzar la iluminación o el cielo, etc.
Pero la experiencia personal no tiene realmente ningún valor en relación con la verdad.
Así, pues, negar la experiencia personal es negar el “yo”, porque el “yo” es la esencia misma de toda experiencia, que es el pasado.
Porque la verdad no es algo que uno experimente; la verdad no es algo hacia lo cual uno avanza gradualmente; no es a través de innumerables días de práctica, de sacrificio, de control, de disciplina, que uno puede alcanzarla.
Si lo hace, entonces es una experiencia personal, y si se trata de una experiencia personal, entonces hay división entre el “yo”, la persona y la cosa que uno experimenta.
Aunque uno intente identificarse con esa experiencia, seguirá habiendo división.

¿Puede el hecho de ajustarse a un modelo -sea el que sea- conducir a la verdad?
Es obvio que no.

Al ver como las religiones organizadas realmente han destruido la verdad, inculcando al ser humano mitos absurdos para que se porte bien, si uno se da cuenta y puede descartar todo eso, ¿qué lugar tiene entonces la meditación? ¿Qué lugar tienen los guías, los gurus, los salvadores, los sacerdotes?...
¿Es la meditación algo que deba practicarse diariamente?
Practicar significa conformarse con un modelo, imitar, reprimir...; ya sabe, todo lo que está implicado en el conformismo.
¿Acaso uno medita porque se trata de una larga tradición? ¿Meditamos por eso?...

¿Qué es la meditación tradicional, ya sea cristiana, hindú, budista, tibetana o zen? Ya sabe todas las diferentes meditaciones y sus escuelas, para mí todo eso no es meditación en absoluto. Entonces, ¿qué es meditación?
¿Por qué hacer de la meditación un problema? Los seres humanos tenemos suficientes problemas, tanto físicos como psicológicos. ¿Por qué añadirle al ser humano un problema más, cuando ya tiene miles?
¿Es la meditación una forma de evadirse de sus problemas, de evitar lo que realmente es y, por tanto, no es meditación en absoluto?
¿O la meditación es comprender el problema del vivir?
Si meditar representa un problema, si uno hace de la meditación otro problema...¡Por Dios! Déjela ¿Comprende qué quiero decir?

Personalmente, niego toda clase de meditación, toda práctica, el constante repetir una palabra como hacen en la India, en Tibet, por todo el mundo, ya sea el Ave María o cualquier otra palabra. Repetir, repetir, repetir; eso no tiene ningún sentido: vuelve a la mente más absurda y grotesca de lo que es.
A menos que el ser humano sea una luz para sí mismo, nada tiene importancia, porque si depende de alguien se encuentra entonces en un estado de perpetua ansiedad.

Primero tiene que solucionar sus problemas, ¿no es así? Debe poner orden en la casa, en la casa en la que vive, y en esa casa que es el yo – mis pensamientos, mis sentimientos, ansiedades, sentido de culpa, pena...- debe poner orden ahí. Sin ese orden, ¿cómo seguir adelante?
No estoy buscando orden; estoy viendo que hay desorden y quiero saber por qué lo hay. No pretendo encontrar orden, porque entonces aparecen todos los gurus y todo lo demás.
De modo que no deseo orden; sólo quiero descubrir por qué en nuestras vidas hay tal caos y desorden.
Si uno intenta solucionar el desorden será siempre según alguna idea preconcebida de orden; es decir, según el orden cristiano, el orden hindú, el orden socialista, el orden comunista...; cualquier orden. Mientras que si uno observa completamente el desorden, entonces ahí no hay dualidad.

Mirar el desorden sin el “yo”. ¿Es eso posible? Porque entonces eso es meditación. ¿Lo entiende, señor? No toda esa tontería de la que hablan.
Observar sin división, observar sin el “yo”, que es la misma esencia del pasado, ese “yo” que afirma “debería” o “no debería”, “tengo que”, “no tengo que”; ese yo que dice: “he de alcanzar” , “he de llegar a Dios”, o lo que sea. Entonces, ¿es posible observar sin el “yo”?
Uno no puede observar la inmensidad del océano. Ahí está para que uno lo mire; pero no es su océano. Así, pues, si deja eso a un lado surge la pregunta: ¿es posible observar sin el “yo”; observar este desorden total de los seres humanos, sus vidas, el modo en que viven...; ¿es posible observarlo sin ninguna división?

Para observar totalmente, no debe haber ninguna evaluación en absoluto.

La meditación no es la búsqueda de una experiencia trascendental que le proporcionará gran energía para volverse más malicioso. La meditación no es un logro personal ni sentarse delante de Dios.

La meditación es un estado de la mente en el cual el “yo” está ausente y, por tanto, esa misma ausencia trae orden, y debe haber ese orden para seguir adelante. Sin ese orden las cosas se vuelven absurdas.
¿Puede la mente observar sin tiempo, sin la memoria, que es el alimento de la mente?

Como ve, señor, después de todo, lo único que uno puede hacer es señalar y ayudar la persona a ir hacia la puerta; pero de ella depende abrir esa puerta.: uno no puede hacer más que eso. Esa idea de querer ayudar a la gente, ya sabe, querer convertirse en un bienhechor, en una buena persona, eso no significa ser un hombre religioso en absoluto.

Una mente que ha investigado, que ha indagado en todo esto, se vuelve extraordinariamente activa y, por tanto, silenciosa.

Estamos diciendo que donde hay “yo” tiene que haber desorden, y si miro el mundo a través del “yo”, ya sea el mundo externo como el interno, esa división no sólo genera conflicto, sino que esta división genera caos y desorden en el mundo. Ahora bien, observar todo esto de forma completa, sin división alguna, esa observación es meditación.

Para observar el desorden, el “yo” con sus recuerdos, con su estructura del tiempo, no debe estar presente; entonces en esa cualidad hay una quietud de la mente que observa, y esa quietud no es algo que se consiga por ninguna práctica, sino que viene con naturalidad cuando uno tiene orden.

La dificultad con los seres humanos es que nunca han observado, nunca han observado un árbol, un pájaro sin división. Y debido a que nunca observan totalmente un árbol o un pájaro, no pueden observarse a sí mismos completamente.

J. Krishnamurti. Meditación. La mente silenciosa. Edit. Gaia.