Interior Metafísico con sol que se extingue. G de Chirico.1971. Album de los sucesos memorables por sublimes.
Intento de síntesis de El Lado Activo del infinito. Págs (15-16-17).C. Castaneda.
Don Juan le aclara a Castaneda:-
- "Los sucesos que andamos buscando llevan en sí mismos el sello de la impersonalidad, están saturados de ella”.
Castaneda cree entender y le relata a don Juan varias historias truculentas de muertes y cadáveres. Sucesos de miedo. Y don Juan le dice que se acerca pero que aún son muy personales y tenebrosos. Así que Castaneda le pide:
-"Podría darme un ejemplo de un suceso memorable de su propio album, don Juan?
- Haré algo mejor, te nombraré un suceso memorable de tu propia vida. Sin duda te vendrá bien para tu colección ó digámoslo así: en tu lugar yo lo incluiría sin falta en mi colección de sucesos memorables.
- ¿Qué historia es ésa, don Juan?
- Es la historia de las figuras frente al espejo”.
Don Juan le pide a Castaneda que le cuente otra vez la historia pero sin omitir detalle, lo más completa posible, mientras dan un paseo (ya que, en ese momento, el caminar favorece la exactitud más que el estar sentado).
Castaneda habla de su amigo escocés y de sus contradictorias peculiaridades:
“...prácticamente él era no un especialista en crítica de arte sino en prostitutas de los burdeles del lugar”.
Un día llegó muy alterado y entusiasmado diciéndole que quería compartir con él su gran descubrimiento.
".....me contó que acababa de estar en un burdel y había conocido a una mujer increíble , que era capaz de hacer una cosa inimaginable que ella denominaba “figuras frente al espejo”
“....Todo lo que debes hacer es ir conmigo. Madame Luzmila te mostrará sus figuras frente al espejo. Es un huracán.”
“....Todo lo que debes hacer es ir conmigo. Madame Luzmila te mostrará sus figuras frente al espejo. Es un huracán.”
Castaneda pasa a describir el burdel con todo lujo de detalles, “edificio derruido, polvoriento y descuidado...."
Cutre, sucio y hortera. Un corredor vacío con puertas a cada lado hasta detenerse en la de Madame Luzmila. Su amigo golpeó la puerta y….
“La puerta se abrió y una rubia regordeta, petisa y pintada, sin decir una palabra nos invitó a entrar. Tenía puesta una bata roja de seda con penachos de plumas en los puños de las mangas y pantuflas con pompones de piel”.
Su amigo después de los saludos ampulosos a madame, le dejó a solas con ella. Madame Ludmila le preguntó si le gustaban las figuras frente al espejo. Castaneda asintió con la cabeza.
-“Te daré un buen show, -me prometió- las figuras frente al espejo son sólo el principio. Cuando te pongas caliente y estés listo dime que me detenga.
Del pequeño hall pasamos a un cuarto oscuro. Las ventanas estaban cubiertaspor cortinas . En las paredes había varias lámparas con débiles lamparillas. Las lamparillas tenían forma de pequeños tubosy salían de la pared en ángulo recto. En el cuarto había muchos objetos diferentes: unos cajones de cómoda, sillas y mesitas antiguas, un escritorio junto a la pared, cubierto de papeles, lápices y reglas, y por lo menos una docena de diferentes tijeras.
Madame Luzmila me hizo sentar en una silla antigua blanda.
- La cama está en el otro cuarto, querido, dijo ella, apuntando hacia el final del cuarto.
- Esta es mi antesala, aquí yo hago el show para que te pongas caliente y estés listo.
Se quitó la bata roja, arrojó de sus pies las chinelas, y abrió las hojas de dos altos espejos de ropero que eswtaban junto a la puerta.Así se formó una amplia superficie espejada.
- Y ahora música, dijo M.L. y puso en marcha una vitrola antidiluviana….la melodía era pomposa, recordaba una marcha de circo.
- Y ahora el show, dijo y empezó a dar vueltas con el acompañamiento de la música de circo. La piel de Madame Luzmila era muy firme e increíblemente blanca a pesar de que ya no era joven. Debía tener más de cincuenta, la panza ya le colgaba un poco, así como sus voluminosos pechos. Poseía una nariz pequeña y labios rojos vivamente pintados, y para las pestañas utilizaba una sombra negra espesa. En síntesis, era el prototipo de la vieja prostituta. Pero había en ella algo infantil, algo virginalmente espontáneo, conmovedor.
- Y ahora las figuras frente al espejo – anunció M.L. La música continuaba tronando.
- ¡Pierna, pierna, pierna!-, dijo ella lanzando sus piernas hacia delante y hacia arriba, primero una y luego la otra, al compás de la música. Se puso la mano derecha en el cabeza, como si se tratara de una niña pequeña que no está segura de si va a poder realizar ese complejo movimiento.
- ¡Vuelta, vuelta, vuelta! -, siguió cantando, dando vueltas como un trompo.
- ¡Cola, cola, cola! -, Mostrándome su trasero desnudo como se hace en el can-can.
- Repitió una y otra vez esta secuencia hasta que la música comenzó a bajar de volumen. La cuerda de la vitrola se estaba acabando. Me dio la impresión de que Madame Luzmila se iba alejando, haciéndose cada vez más pequeña a medida que la música bajaba de volumen. Una desesperación y soledad – yo no sabía que tales sentimientos vivían en mí – explotó desde las más hondas profundidades de mi ser hacia la superficie, y me hizo ponerme de pie de un salto y salir corriendo de ese cuarto. Como un demente rodé hacia abajo por las escaleras y salí volando de esa casa a la calle.
- Hedí estaba junto a la puerta conversando con dos hombres de traje celeste brillante. Al ver cómo yo salíacomenzó a carcajear entrecortadamente.
- Y, qué tal,¿brutalno?dijo, esforzándose de nuevo en hablar como un norteamericano.
- “Las figuras frente al espejo son sólo el comienzo”. ¡Qué clase, qué nivel!
Al contar esta historia a don Juan la primera vez, le mencioné que me habían causado gran impresión la melodía circense y la vieja prostituta que torpemente giraba al compás de la música. También me resultaba muy desagradable reconocer cuán desalmado era mi amigo.
Cuando terminé de relatar ese suceso por segunda vez, en estas montañas de Sonora, temblaba entero. De alguna manera misteriosa me había afectado algo completamente indefinible.
- Esta historia,- dijo don Juan,- tiene que entrar en tu album de sucesos memorables. Tu amigo, sin sospecharlo, te dio algo, como dijo correctamente, que quedará contigo para toda la vida.
- Para mí, ésta es una historia simplemente triste, don Juan, y nada más – dije yo.
- Si, es realmente triste, como las otras historias tuyas – dijo don Juan.- Pero es también completamente distinta. Puede ser memorable para ti porque toca algo de todos nosotros, la gente, y no sólo tuyo, a diferencia de otros relatos. Si lo puedes entender: nosotros, todos, los viejos y los jóvenes, al igual que madame Ludmila, hacemos nuestras figuras frente al espejo, de una u otra manera. Recuerda todo lo que sabes acerca de la gente. Piensa en la gente en esta Tierra, y entenderás sin sombra de duda que, sin importar quiénes sean ó qué piensan de sí mismos ó hagan lo que hagan, el resultado de sus acciones es siempre el mismo: figuras sin sentido frente al espejo”
(El Lado Activo del Infinito. C.Castaneda).
Del pequeño hall pasamos a un cuarto oscuro. Las ventanas estaban cubiertaspor cortinas . En las paredes había varias lámparas con débiles lamparillas. Las lamparillas tenían forma de pequeños tubosy salían de la pared en ángulo recto. En el cuarto había muchos objetos diferentes: unos cajones de cómoda, sillas y mesitas antiguas, un escritorio junto a la pared, cubierto de papeles, lápices y reglas, y por lo menos una docena de diferentes tijeras.
Madame Luzmila me hizo sentar en una silla antigua blanda.
- La cama está en el otro cuarto, querido, dijo ella, apuntando hacia el final del cuarto.
- Esta es mi antesala, aquí yo hago el show para que te pongas caliente y estés listo.
Se quitó la bata roja, arrojó de sus pies las chinelas, y abrió las hojas de dos altos espejos de ropero que eswtaban junto a la puerta.Así se formó una amplia superficie espejada.
- Y ahora música, dijo M.L. y puso en marcha una vitrola antidiluviana….la melodía era pomposa, recordaba una marcha de circo.
- Y ahora el show, dijo y empezó a dar vueltas con el acompañamiento de la música de circo. La piel de Madame Luzmila era muy firme e increíblemente blanca a pesar de que ya no era joven. Debía tener más de cincuenta, la panza ya le colgaba un poco, así como sus voluminosos pechos. Poseía una nariz pequeña y labios rojos vivamente pintados, y para las pestañas utilizaba una sombra negra espesa. En síntesis, era el prototipo de la vieja prostituta. Pero había en ella algo infantil, algo virginalmente espontáneo, conmovedor.
- Y ahora las figuras frente al espejo – anunció M.L. La música continuaba tronando.
- ¡Pierna, pierna, pierna!-, dijo ella lanzando sus piernas hacia delante y hacia arriba, primero una y luego la otra, al compás de la música. Se puso la mano derecha en el cabeza, como si se tratara de una niña pequeña que no está segura de si va a poder realizar ese complejo movimiento.
- ¡Vuelta, vuelta, vuelta! -, siguió cantando, dando vueltas como un trompo.
- ¡Cola, cola, cola! -, Mostrándome su trasero desnudo como se hace en el can-can.
- Repitió una y otra vez esta secuencia hasta que la música comenzó a bajar de volumen. La cuerda de la vitrola se estaba acabando. Me dio la impresión de que Madame Luzmila se iba alejando, haciéndose cada vez más pequeña a medida que la música bajaba de volumen. Una desesperación y soledad – yo no sabía que tales sentimientos vivían en mí – explotó desde las más hondas profundidades de mi ser hacia la superficie, y me hizo ponerme de pie de un salto y salir corriendo de ese cuarto. Como un demente rodé hacia abajo por las escaleras y salí volando de esa casa a la calle.
- Hedí estaba junto a la puerta conversando con dos hombres de traje celeste brillante. Al ver cómo yo salíacomenzó a carcajear entrecortadamente.
- Y, qué tal,¿brutalno?dijo, esforzándose de nuevo en hablar como un norteamericano.
- “Las figuras frente al espejo son sólo el comienzo”. ¡Qué clase, qué nivel!
Al contar esta historia a don Juan la primera vez, le mencioné que me habían causado gran impresión la melodía circense y la vieja prostituta que torpemente giraba al compás de la música. También me resultaba muy desagradable reconocer cuán desalmado era mi amigo.
Cuando terminé de relatar ese suceso por segunda vez, en estas montañas de Sonora, temblaba entero. De alguna manera misteriosa me había afectado algo completamente indefinible.
- Esta historia,- dijo don Juan,- tiene que entrar en tu album de sucesos memorables. Tu amigo, sin sospecharlo, te dio algo, como dijo correctamente, que quedará contigo para toda la vida.
- Para mí, ésta es una historia simplemente triste, don Juan, y nada más – dije yo.
- Si, es realmente triste, como las otras historias tuyas – dijo don Juan.- Pero es también completamente distinta. Puede ser memorable para ti porque toca algo de todos nosotros, la gente, y no sólo tuyo, a diferencia de otros relatos. Si lo puedes entender: nosotros, todos, los viejos y los jóvenes, al igual que madame Ludmila, hacemos nuestras figuras frente al espejo, de una u otra manera. Recuerda todo lo que sabes acerca de la gente. Piensa en la gente en esta Tierra, y entenderás sin sombra de duda que, sin importar quiénes sean ó qué piensan de sí mismos ó hagan lo que hagan, el resultado de sus acciones es siempre el mismo: figuras sin sentido frente al espejo”
(El Lado Activo del Infinito. C.Castaneda).