En la Taberna Intergaláctica con MayMi,
destejiendo los hilos del tapiz de la vida,
descubriendo la luz que palpita en las sombras,
abriendo aún más el camino a las estrellas.
Al volar en el espacio infinito, nos encontramos a la Estrella Polar,
ésa que brilla tanto y siempre permanece en el mismo lugar;
detrás tiene escondida a la Estrella del Sur, que juega al escondite con nosotros y más allá la cola de Leo despidiéndose...
En la taberna intergaláctica todo es posible.
Están todos los mares con sus acantilados
y sus playas de arena azul y blanca.
Están todos los pájaros con sus plumas de aire.
Las estrellas fugaces se paran allí a beber vino tinto
y a reír centelleantes en los ojos de la gitana.
El sauce baila a cualquier hora del día
y el bosque de chopos canta jugando con el viento.
Los robles hermanados se mueven en silencio,
abriendo galerías sin fin hacia la nada.
Y el alcornocal deshace el tiempo con sólo su presencia.
Miguel siega la hierba bailando en las espigas
y el huerto colorea de rojos y de verdes.
La sobriedad se viste de abundancia
y lo sublime adorna cada instante.
Aquí viven y ensueñan mis firmes aliados,
con ellos, abrazados, viajo hacia la luz.
Blanca. Poema 34. (Agosto 2002).