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martes, 10 de febrero de 2009

La tristeza y la nostalgia. Cuento 7. Chamanismo.

Mujer en desierto de Sonora.

Castaneda anda triste y nostálgico por la muerte de un amigo del que no supo despedirse. Agobiado por la angustia le dice a su nagual que no quiere consejos sino prescripciones mágicas acerca de cómo liberarse de sus dolores espirituales. Le pide algún tranquilizante natural, algún tipo de somnífero orgánico. Don Juan, algo perplejo, le dice:

“Estás pidiendo demasiado. Lo siguiente que pedirás será seguramente una poción mágica, capaz de eliminar todo lo que te ofusca, sin ningún esfuerzo por tu parte”…
…..”Los brujos ven las cosas de otra manera. Dado que no cuentan con tiempo libre se entregan completamente a aquello con lo que se encuentran. La razón de tu angustia consiste en tu falta de seriedad. Te faltó seriedad para agradecer de la debida manera a tu amigo. Esto nos ha pasado a cada uno de nosotros: Nunca expresamos lo que sentimos y cuando queremos expresarlo resulta que es tarde, puesto que el momento pasó….”
“….. en el momento en que debías haberle agradecido te enojaste, te pusiste a juzgarlo, te resultaba desagradable y luego diferiste el encuentro con él. En realidad estabas difiriendo tu expresión de agradecimiento. Te quedaste estancado: nunca hubieses podido pagarle esta deuda”.

Castaneda se da cuenta de la grandeza de sus palabras. Sorprendido pues nunca antes había podido ver sus actos bajo tal luz, nunca había agradecido a nadie. Don Juan seguía metiéndole la espina en el corazón cada vez más profundamente.

“Tu amigo sabía que iba a morir, te escribió su última carta para saber de tus éxitos, posiblemente él no sabía, como no lo sabías tú, pero su último pensamiento fue para ti”.

Carlos se estremeció hasta la médula, tan sobrecogido que casi se desmaya. Quería huir de allí, salir disparado, irse a la ciudad y extraviarse en el ruido. Como una sentencia don Juan pronunció:

“Has sentido el gusto del Infinito. Yo lo sé puesto que yo mismo estuve en tu lugar. Quieres huir para hundirte en algo humano, cálido, contradictorio, tonto; quien sabe qué más. Quieres olvidar la muerte de tu amigo, pero el infinito no te permite hacer esto- su voz se volvió súbitamente aterciopelada- Te ha atrapado con su mano inclemente.”
-“¿Qué puedo hacer ahora, Don Juan?
“Lo único que te queda es conservar un vivo recuerdo de tu amigo, guardarlo hasta el final de tu vida y posiblemente aún más. Los brujos expresan de esta manera la gratitud que ya no pueden expresar en voz alta. Posiblemente pienses que es una tontería, pero es lo mejor que pueden hacer los brujos”.
“…La tristeza para los brujos no es algo personal. No es del todo tristeza, es una onda energética que viene de las profundidades del cosmos, ella alcanza a los brujos cuando son sensitivos, cuando se vuelven como radares, capaces de captar señales de radio”.
“…..Los brujos de la antigüedad, que nos dieron la fórmula completa de la magia, creían que en el universo existe la tristeza en forma semejante al poder, la luz, el intento. Y esta fuerza eterna actúa sobre los brujos con una agudeza particular, puesto que estos ya no tienen más escudos defensivos. No pueden escudarse detrás del amor ó del odio, tras la felicidad ó la infelicidad. No tienen nada detrás de lo que esconderse”.
“…. Los brujos se diferencian en que la tristeza para ellos es abstracta. No le viene debido a deseos ocultos ó a la carencia de algo, ó por el sentimiento de importancia personal. No sobreviene del yo, viene del infinito. La tristeza que estás experimentando por no haber agradecido a tu amigo viene de allí.”
“…Mi maestro el nagual Julián era un actor increíble. Realmente él fue actor de teatro profesional. Tenía una historia que era su preferida, que solía contar en sus espectáculos. Cada vez que la contaba yo por lo común sufría un ataque de un terrible dolor. Él me explicó que esta era una historia acerca de guerreros que habiendo recibido todo lo que querían habían experimentado la punzada de la tristeza universal. Siempre consideré que él contaba esta historia personalmente para mí., en particular”.

El Gran Garrik.

“Esta es la historia de un hombre que sufría de una profundísima melancolía. Había visitado a los mejores médicos de aquel tiempo y ninguno lo había podido ayudar. Finalmente llegó al consultorio del doctor principal, el sanador del alma. Este doctor supuso que, posiblemente, su paciente podría encontrar consuelo, paz espiritual y sanación de la melancolía en el amor.
El hombre le respondió que el amor nunca había sido para él un problema; que él había amado tanto cuanto evidentemente nadie había amado en el mundo. Entonces el doctor le sugirió emprender un viaje para ver el mundo. El triste paciente respondió que podría decir sin exageración que ya visitó todos los rincones del mundo.
El médico entonces le recomendó que practicara algún hobbie, se dedicara al deporte, al arte ó algo semejante. A cada consejo el paciente respondía igual que antes.: que ya había pasado por todo eso y no había experimentado alivio.
El médico comenzó incluso a sospechar que, posiblemente, su paciente no sufría de otra cosa que de una inclinación patológica por la mentira. Era imposible que hubiera experimentado todo aquello de lo que había hablado. Pero el doctor era un buen sanador y finalmente se hizo la luz.
-¡Ah, exclamó, tengo una receta maravillosa para usted. Debe asistir a una función del más grande comediante de nuestros días. Eso le dará tanto placer que usted se olvidará completamente de su melancolía. Debe asistir a una función del gran Garrik.
Don Juan dijo que el hombre miró al doctor con el aspecto más triste que se pudiera imaginar y dijo:
-Doctor si este es su último consejo estoy perdido: Yo soy el gran Garrik”.