
Bhagavat Gita.
Me propongo seleccionar las estrofas que más me conmueven del Bhagavat Gita, no sin antes hacer una necesaria síntesis de sus claves, indispensables para comprender de lo que realmente trata.
El amor es el agente aglutinante que descubre y consolida la unidad.
Es un escrito mayoritario, sencillo, fácil, más propio del corazón que del intelecto.
Su grandeza está no sólo en lo que dice sino en lo que sugiere, lo que dice es fácil pero lo que sugiere es tan denso, tan profundo, tan realizador, tan hermoso.
La Gita da la medida exacta del que la estudia: Esta es su única dificultad. Puede ser del siglo II a de C, o del VI a de C. Escrita antes que el Mahabarata (que se inspiró en la Gita, incluyéndola en el libro).
La situación prebélica (reflejada en la imagen) de la que parte es la siguiente: Miembros de una misma familia se enfrentan por el poder , dos ramas rivales descendientes del rey Bharata se disputan el trono de Hastinapura. Arjuna, caudillo de los Pandava, es el protagonista. En el mismo carro que Arjuna va Krishna (principio de vida verdadero, sí mismo del ser).
El ejército enemigo, los Kurú, hay que entenderlo como el conjunto de apegos que cada hombre ha de derrotar antes de lograr el difícil objetivo de cumplir su dharma propio: La ley sagrada que caracteriza el código de cada uno.
Para esta batalla, que empieza y discurre sobre el campo del Dharma, escribe el autor de la Gita ese magno diálogo por el que Krishna alecciona a Arjuna y también a todos los que tenemos la ventura de leer esta Canción del Señor.
El Brahman que cita no es Dios, porque no es un Dios, ya que Brahman es lo supremo y lo no supremo a la vez. La Gita afirma que Brahman, imperecedero, no nacido, dejó una porción o chispa de sí mismo en todos los seres, en el sí mismo más hondo, y tales chispas son el ser real de cada uno: el atman.
La gita está dirigida a los dévicos (los que reconocen lo divino), de los que espera que algún día completen su dharma propio, su Ley. Entonces los dévicos dejarán de percibirse a sí mismos como distintos del imperecedero y, con esa difícil percepción, la dualidad habrá terminado.
Por eso no cesa de repetir la Gita que todo es Brahman, pero admite que entre tanto viven los dévicos su propia realidad, como un dualismo mitigado, que ve dualidad en lo perecedero, adosado y superpuesto a lo divino, que todavía no ven, pero que caminan hacia lo imperecedero real en la eternidad de su dharma cumplido.
La búsqueda y el descubrimiento de lo divino, que practican los dévicos, es un
largo y difícil camino en el que Esto (apegos) debe ser entregado por entero, con generosidad, con amor perfecto a Eso (lo imperecedero, lo eterno), sin esperanza ni deseo de recuperación. En la entrega de todo aquello que uno creía hasta entonces que eran el mundo y uno mismo está la transformación que lleva de la dualidad a la unidad.
Paso a paso encuentran los dévicos la Plenitud de Eso en la misma medida proporcional en que se alejan voluntariamente de Esto.
La realización del dévico empieza a cumplirse, de verdad, cuando puede decir, con convencimiento total y sin desolación: Nada soy. Nada me pertenece. Esta exclamación muy recomendada por la Gita , además de ser una confesión de no dualidad, ilustra la necesidad de negar Esto, porque cada grado de desidentificación con Esto abre al esplendor de la plenitud divina de Eso.
El mantra de la Gita es :
OM TAT SAT (OM ESO ES) : El que alcanza la Unidad en la verdad amada de ser lo que es.Por tanto Arjuna y Krisna no son dos personajes diferentes que viajan sobre un mismo carro, sino uno solo, que el autor del poema presenta como dos a fines de exposición filosófica.
Son uno, aunque aparezcan como dos (en la ficción), en tanto el guerrero (Arjuna) no se conoce a sí mismo por completo, y no ha realizado el yoga de la unión con su hermano eterno que cabalga con él en el mismo carro de carne y vida.
La realización es el cumplimiento del dharma propio: La ley sagrada que caracteriza el código de cada uno. Cruzar a la otra orilla es nacer por segunda vez.
La cesación de la individualidad se dice que es la última ignorancia de la que se desprende el yogui, el final de un largo proceso por el que se comprende que el verdadero sí mismo no tiene fronteras.
Por el esplendor de su propio texto la Gita consigue que la conciencia siempre activa y proyectada hacia el exterior, detenga por sí misma su natural tumulto, hasta que en ese silencio total en el que los pensamientos no se introducen, se oiga por grados la llamada universal de la música eterna del Señor que reside en el corazón de todo ser viviente.
Selección de estrofas:Arjuna , en el Yoga del desaliento(I), se niega a luchar contra sus familiares (apegos) y Krishna le dice, en el yoga de la Sabiduría discriminativa (II):
3.
No te dejes llevar por un sentimiento de impotencia que no es digno de ti. Sacude tu mezquina cobardía y levántate, ¡Oh vencedor de tus enemigos!
4.Arjuna contesta:
Mi corazón está abatido porque no comprende; estoy confuso porque no conozco mi dharma. Te pido que me digas lo que decididamente es mejor. Soy tu discípulo y te suplico que me instruyas.
14. Krishna:
El contacto de los sentidos con sus objetos crea, ¡Oh hijo de Kunti! Sensaciones de calor y de frío, de placer y de dolor, que vienen y se van porque son transitorias. Sopórtalas con paciencia ¡Oh Bharata!
15.
Quien no se atormenta por estas cosas, quien es firme y permanece inmutable ante el dolor y el placer, sólo él, ¡Oh tú el mejor de los hombres! Está preparado para la vida eterna.
16.
Lo que no es carece de existencia real y lo que es no cesa jamás de existir. Esta doble verdad ha sido percibida siempre por los sabios.
17.
Has de saber que Aquello que todo lo penetra es, en verdad, indestructible, porque nadie puede destruir lo que es imperecedero.
20.
Aquello no ha nacido nunca y no muere nunca, pues lo que nunca ha venido a la existencia no puede dejar de existir. No nacido, eterno, perpetuo, siempre existente, Aquello no muere cuando muere el cuerpo.
22.
Lo mismo que un hombre abandona su vestido viejo para ponerse otro nuevo, así también Aquello que encarna desecha sucesivamente sus cuerpos gastados para tomar otros nuevos.
23.
Ni las armas le hieren, ni el fuego le quema, ni el agua le moja, ni el viento le seca.
30.
Aquello que mora en todos los cuerpos es siempre invulnerable, y no debes afligirte por criatura alguna.
38.
Considera por igual el placer y el dolor, la ganancia y la pérdida, la victoria y la derrota y disponte para el combate, porque así no incurrirás en falta.
45.
…................. Mantente siempre equilibrado y desprendido del afán de adquirir y acumular.
47.
Tu deber está en la acción y nunca en sus frutos. No dejes que el fruto de la acción sea tu móvil, ni te pegues a la inacción.
48.
…..........Renuncia a los apegos y mantente en equilibrio, tanto en el triunfo como en el fracaso.
62.
Cuando el hombre piensa en los objetos de sensación desarrolla su apego a ellos. De ese apego nace el deseo y de ese deseo, la ira.
63.
De la ira nace el engaño, del engaño la confusión de la memoria la no discriminación de buddhi (función de conocer). Y cuando buddhi no discrimina, ahí está la perdición del hombre. ( por confusión de la memoria hay que entender el no recuerdo del Ser real interior, la negación del atman, el sí mismo de cada ser).
64.
Pero aquél que se refrena y domina y se mueve entre los objetos con los sentidos sometidos al atman, libre de toda atracción y repulsión, alcanza la paz.
65.
Y en esa paz todo sufrimiento queda destruido, porque aquél cuya buddhi está serena pronto alcanza el equilibrio. ( La buddhi serena sólo es posible más allá de la acción de las pasiones)
66.
Cuando buddhi no está serena no es posible afirmarse en el conocimiento; sin conocimiento no hay meditación; sin meditación no se alcanza la paz, para quien no posee la paz, ¿Puede acaso existir felicidad?
67.
Cuando manas(mente) obedece a los inquietos sentidos, éstos se llevan consigo el discernimiento, tal como un temporal arrastra un barco sobre las aguas.
68.
Por eso, ¡Oh potentemente amado!, aquél que aparta sus sentidos de los objetos de sensación, está firme en el discernimiento.
70.
Tal como el océano recibe inalterable las aguas que vierten los ríos, así aquél en quien todos los deseos fluyen sin que él sienta apego por ellos, es el que alcanza la paz.Bhagavad Gita. (Edición bilingüe con comentarios finales de Roberto Pla. Edit. Etnos. Índica).