viernes, 17 de abril de 2009

La Meditación en la vida cotidiana 1. Con Sogyal Rimpoché.

Andy Goldsworty. Arte natural y efímero.

Integración e Inspiración

Me he dado cuenta de que los modernos practicantes espirituales desconocen la manera de integrar su práctica meditativa en la vida cotidiana. No podría insistir lo suficiente: integrar la meditación en la acción es todo el objetivo, el sentido y la base de la meditación. La violencia y la tensión, los desafíos y las distracciones de la vida moderna hacen aún más urgentemente necesaria esta integración.
Hay personas que se me acercan a lamentarse: “Hace doce años que medito y no he cambiado en nada. Sigo siendo el mismo ¿por qué?” Porque hay un abismo entre su práctica espiritual y su vida cotidiana. Es como si existieran en dos mundos independientes que no se influyen mutuamente. Me recuerdan a un maestro que conocí cuando iba a la escuela en Tibet: sabía explicar las reglas de la gramática tibetana con gran brillantez , pero apenas era capaz de escribir una frase correcta.
¿Cómo, entonces, podemos lograr esta integración, esta fusión de la vida cotidiana con el humor sereno y el espacioso desprendimiento de la meditación?No hay nada que pueda sustituir la práctica cotidiana, pues sólo mediante la verdadera práctica empezamos a saborear ininterrumpidamente la calma de nuestra naturaleza de la mente y seremos capaces así de continuar la experiencia en nuestra vida diaria.
Siempre les digo a mis alumnos que no salgan de la meditación demasiado deprisa. Deje un periodo de unos cuantos minutos para que la calma de la meditación impregne su vida.
Luego, después de la meditación, es importante no ceder a la tendencia que tenemos de solidificar nuestra manera de percibir las cosas. Cuando regrese a la vida cotidiana, deje que la sabiduría, la visión, la compasión, el humor, la fluidez, la espaciosidad y el desprendimiento obtenidos en la meditación se infiltren en su experiencia diaria. La meditación nos despierta la percepción de la naturaleza ilusoria de todas las cosas; mantenga esa conciencia incluso en pleno samsara.
Así pues, lo verdaderamente importante no es sólo la práctica de sentarse, sino mucho más el estado mental en que uno se encuentra después de la meditación. Es ese estado mental sereno y centrado el que debemos prolongar en todo lo que hacemos. Me gusta aquél relato zen en que el discípulo pregunta al maestro:
-Maestro, ¿cómo se lleva la iluminación a la acción? ¿Cómo se practica en la vida cotidiana?
-Comiendo y durmiendo -responde el maestro.
Pero, maestro, todo el mundo come y todo el mundo duerme.
Pero no todos comen cuando comen ni todos duermen cuando duermen.
De aquí proviene el famoso proverbio zen: “Cuando como, como; cuando duermo, duermo”.
Comer cuando se come y dormir cuando se duerme significa estar plenamente presente en todos los actos, sin que ninguna de las distracciones del ego le impida estar ahí. Eso es integración. Y si de veras quiere conseguirlo, lo que ha de hacer es no simplemente practicar a modo de terapia o medicina ocasional, sino como si se tratara del alimento diario.
Con demasiada frecuencia las personas van a la meditación con la esperanza de obtener resultados extraordinarios, como visiones, luces o algún milagro sobrenatural. Y cuando eso no se produce, quedan muy decepcionadas. Pero el auténtico milagro de la meditación es mucho más ordinario y mucho más útil. Es una transformación sutil, y esa transformación no sólo ocurre en la mente y en las emociones, sino también en el cuerpo. Es una transformación muy curativa. Los médicos y los científicos han descubierto que cuando uno está de buen humor, hasta las células del organismo están más alegres, y cuando su mente está en un estado más negativo, las células pueden volverse malignas. Todo nuestro estado de salud tiene mucho que ver con nuestro estado mental y nuestra forma de ser.

La Inspiración

La meditación es el camino hacia la Iluminación y la mayor empresa de esta vida. Cuando les hablo a mis alumnos sobre la meditación, siempre insisto en la necesidad de practicarla con resuelta disciplina e indivisa devoción; al mismo tiempo, también le digo lo importante que es practicarla de la manera más inspirada y creativa posible. En cierto modo, la meditación es un arte, y hay que dedicarse a ella con el placer de un artista y fecundidad de invención.
Llegue a ser tan rico en recursos para inspirarse a entrar en su propia paz como lo es para actuar de forma neurótica y competitiva en el mundo. Existen muchas maneras de hacer la meditación lo más gozosa posible. Puede buscar la música que más le exalte y utilizarla para abrir su mente y su corazón. Del mismo modo, puede coleccionar composiciones poéticas y citas o versículos de las enseñanzas que a lo largo de los años le hayan conmovido y tenerlas siempre a mano para elevar su espíritu. A mí siempre me han gustado mucho las pinturas thankga tibetanas, y su belleza me proporciona fuerzas. Puede buscar reproducciones de pinturas que induzcan en usted el sentido de lo sagrado y colgarlas en las paredes de su habitación. Escuche cintas de enseñanza de algún maestro, o música sacra. Con una flor, una varilla de incienso, una vela, una fotografía de un maestro iluminado o una estatua de una deidad o un buda, puede convertir el lugar donde medita en un sencillo paraíso. Puede transformar la habitación más corriente en un espacio íntimo y sagrado, en un lugar en el que cada día va al encuentro de su verdadero ser con toda la alegría y la ceremonia feliz de dos viejos amigos que se saludan.
Y si encuentra que no le resulta fácil meditar en su domicilio de la ciudad, sea creativo y salga a la naturaleza. La naturaleza es siempre una fuente infalible de inspiración Para sosegar la mente vaya a dar un paseo por el parque al amanecer o contemple el rocío en una rosa un jardín. Tiéndase en el césped y alce la mirada hacia el cielo, y deje expandir la mente en su espaciosidad. Deje que el cielo exterior despierte un cielo dentro de su mente. Párese junto a un arroyo y funda la mente con su fluir; hágase uno con su incesante rumor. Siéntese junto a una cascada y permita que su risa sanadora le purifique el espíritu. Pasee por una playa y reciba de pleno en la cara el dulce aire del mar. Celebre la belleza de la Luna y utilícela para sosegar su mente. Siéntese a la orilla de un estanque o en un jardín y, respirando sosegadamente, deje que se haga el silencio en su mente mientras la Luna se alza lenta y majestuosamente en la noche despejada.
Todo puede utilizarse como una invitación a la meditación: una sonrisa, una cara en el metro, la imagen de una pequeña flor que crece en una grieta de la acera, un hermoso corte de tela en el escaparate de una tienda, el modo en que el Sol ilumina las macetas de un alféizar. Esté atento a cualquier signo de belleza y gracia. Ofrezca todas las alegrías, esté despierto en todo momento a “las noticias que siempre llegan del silencio”.
Poco a poco se convertirá en señor de su propia dicha, en farmacéutico de su propia alegría, con toda clase de remedios siempre a mano que lo eleven, lo animen, lo iluminen e inspiren todos sus actos, hasta su misma respiración.
¿Quién es un gran practicante espiritual? Una persona que vive siempre en presencia de su verdadero ser, una persona que ha encontrado y que utiliza constantemente los manantiales y fuentes de la profunda inspiración. Lewis Thompson, escritor británico moderno, escribió: “Cristo, poeta supremo, vivió la verdad tan apasionadamente que cada uno de sus gestos, a un tiempo Acto puro Símbolo perfecto, encarna lo trascendente”.
Para encarnar lo trascendente es por lo que estamos aquí.

El libro Tibetano de la Vida y de la Muerte. Sogyal Rimpoché. Edit. Urano.

1 comentario:

Marisa dijo...

Vaya, no recordaba tan bellas y sabias palabras en el Libro Tibetano de la Vida y la Muerte. Con tus entradas estás consiguiendo que me decida a releerlo.
Gracias de corazón, Marisa