martes, 14 de abril de 2009

Kitsch y Globalización.


Kitsch y Globalización. Las armas del Imperio.

Chantal Maillard comienza su ensayo: "Contra el arte y otras imposturas", con una anécdota de su vida que la llevó a comprender un poco más la situación actual y las diferencias entre Oriente y Occidente. Así, nos dice:

“Una vez fui a Damasco a dar una charla que debía versar sobre modernidad y globalización. La charla estaba destinada a ser oída por un público de estudiantes árabes y profesores de universidad de los distintos países de Oriente Medio. Mi intención -como lo es ahora- era hablar del kitsch y de la importancia que tiene entender el papel que desempeña, en los movimientos de masas, las modalidades sentimentales convertidas en categorías estéticas. La tesis era -y es- que 1) la cultura de la globalización es una cultura del Kitsch y 2) que lo es porque a quienes sostienen la política de consumo les interesa que así sea. Pero me topé con varios problemas.
En primer lugar, los términos “modernidad” y “globalización” son sinónimos allí. Para muchas naciones no occidentales, lo que implican es sencillamente la modernización de sus países. No se plantean la cuestión desde el prisma de la intromisión del imperialismo de Occidente en sus culturas, sino, simplemente en términos de progreso/atraso, modernidad/tradición. Para nosotros, en cambio, la globalización es el último peldaño de una carrera que iniciamos siglos atrás; pertenece a la historia de Occidente; es el momento final de un recorrido que aquellas naciones, para bien o para mal, no han recorrido. Así pues, había que aclarar conceptos. Y eso era algo así como dar una lección de historia: nuestra historia, no la suya.
En segundo lugar, ¿qué sentido tenía para ellos el concepto del kitsch? Pues, aunque a nosotros nos pudiese parecer que viven inmersos en él, lo cierto es que ahí donde no se haya efectuado el proceso de degradación de la copia no es legítimo hablar del Kitsch. En otras palabras lo que para nosotros es kitsch, para ellos no lo es; es tan sólo uno de los múltiples despliegues de lo moderno. Hablar de ello suponía, por tanto, dar otra lección de historia (también nuestra). Las categorías de la sentimentalidad estética no están dadas de una vez por todas sino que forman parte de un proceso cultural. Afirmar que estamos actualmente en las postrimerías del kitsch lleva implícito asumir que ha habido, en las sociedades occidentales, una historia de la sentimentalidad, que en cada época ha prevalecido una u otra categoría sentimental y que ésta se ha visto reflejada en los patrones estéticos del momento y reforzada por las formas elaboradas según los mismos.. Así pues, me disponía a hablar de ello cuando los traductores presentaron el principal problema: la palabra kitsch no tiene traducción en árabe. Y yo debía de darme cuenta de que, en Damasco (como en la India,, en Japón o en China) el kitsch no es kitsch, es otra cosa. Para sacarme de apuros, el moderador de la mesa, un profesor árabe formado en filosofía en Alemania, antes de iniciarse la charla, explicó el término al público. A juzgar por los rostros satisfechos de los asistentes, pensé que había acertado con su explicación y procedí a mi lectura. Más tarde, averiguaría en qué términos lo había definido: el kitsch, había dicho, es como una estatua de azúcar: es muy fea, pero tan dulce...
Sin embargo, al plantearme tratar de este mismo tema en Occidente, me percato de que los problemas son bien parecidos ya que carecemos generalmente de la perspectiva histórica necesaria para darnos cuenta de la sentimentalidad epocal en que nos desenvolvemos y reparar en los intereses que la promueven. Porque, ciertamente, las formas de la sentimentalidad no se generan de manera espontánea sino que se cultivan.
Así que la cuestión está en averiguar a quiénes y por qué interesa promover o cultivar la sentimentalidad del kitsch.”


Continúa Chantal M, analizando la diferencia que existe entre modernidad y globalización... selecciono párrafos, sintetizo.


"Cuando hablamos de globalización nos situamos en el ámbito económico. De lo que se está hablando es de la liberalización industrial y sus consecuencias.
…El despotismo postilustrado y postmoderno es ahora el de las grandes empresas cuyo gobierno se elige mediante el consenso de los espíritus domesticados por las estrategias de mercado.
La política de mercado, fomentada por los poderes políticos en detrimento de ellos mismos merma el poder del Estado-nación reduciendo sus
gobernantes a simples títeres y la democracia a una pantomima. Panto-mimos: el que lo imita todo, el actor de la gran representación, la mímesis universal. El político, lo quiera o no, es ahora un actor al servicio de las grandes empresas. Y lo que representa es lo que el pueblo, cada pueblo quiere ver representado: su propia historia, sus propios mitos seculares. El gobernante conoce las historias y encarna a sus héroes legendarios. Un pueblo necesita historia. Necesita ser contado. En ello se asienta su identidad. Al oírse contar las mismas historias una y otra vez, se reconoce. Por ello, quien gobierna se adueña de los mitos y los cuenta. A su manera. A la manera que más le conviene o que más conviene a quienes le apoyan.
Un buen ejemplo es lo que ocurrió en la India en 1999, cuando el partida nacionalista hindú utilizó la epopeya del Mahabharata para su campaña electoral. No utilizó el texto, sino la imagen, y no cualquier imagen, sino la que toda la India podía contemplar, en aquella época, en sus televisores; la de un Mahabharata fabricado en los estudios de Bombay. El dirigente del BJP se paseó por el norte de la india disfrazado del legendario héroe Arjuna en un carro adornado de guirnaldas. Ganó las elecciones. El carro era un coche Toyota, como en la serie televisiva. La población india identificó el carro del héroe Arjuna como un Toyota. Las imágenes no son inocentes; son activas. Integraron en su propio mito una imagen extraña, una imagen acorde con el progreso. El BJP consiguió su objetivo: vender el progreso (y con ello las armas nucleares), conjugándolo con la tradición.
También en Estados Unidos fueron elegidos para gobernadores y para presidentes actores de moda que encarnaban los valores de su pueblo. Otros mitos (menos sabios), pero idéntico proceder.
El problema es: ¿a sueldo de quiénes están los actores de la pantomima?"

CONTRA EL ARTE Y OTRAS IMPOSTURAS. CHANTAL MAILLARD. Edit. Pre-Textos.

No hay comentarios: