
Zazen salva, sin distinciones, a todos los seres sensibles »
Shundo Aoyama es una monja Zen de la escuela Soto que vive en el templo Muryo-ji, en Japón. Escritora reconocida en su país, habla de la vida cotidiana – la enfermedad, el paso del tiempo, la naturaleza, ect. A través de una visión enraizada en la armonía de todos los seres del universo nos visita en esta página y la anterior con su libro "Usukushili Hito Ni", publicado en inglés con el titulo "Zen seeds" . En castellano “Semillas Zen”, publicado en Miragüano Ediciones.
Presentación
Escasas son las mujeres que logran el merecido reconocimiento, así que cuando tenemos la alegría de que un nombre de mujer resuene, se fortalece nuestra confianza.
Hace unos años leí “Semillas Zen”, me impresionó vivamente. Uno de los libros más bellos y poéticos que he conocido, sus palabras cálidas y brillantes nos traen vivencias sencillas, siempre conscientes.
La conciencia del instante se expresa en receptividad y presencia plena, en todo lo que nos suceda, lo que nos lleva al disfrute de lo natural , de lo sencillo, de lo que es.
Hacer un arte con lo cotidiano es un desafío difícil pero posible, como Shundo Aoyama demuestra.
Hágamos un poco de historia para poder profundizar en este modelo de mujer.
Siempre me molestó el machismo, el ego patriarcal que tantos hemos padecido, pero el colmo fué cuando comencé a adentrarme en el budismo y descubrí que las culturas orientales (India, China, Japón, Corea..etc) siguen siendo, aún hoy día, fuertemente patriarcales.
En la época que vivió el Buda Sakiamuni, imperaba en India el Hinduismo Brahamánico, dirigido celosamente por la casta de los brahamanes, la mujer era impura y no podía alcanzar la iluminación hasta que se ganara (“portándose bien”)su reencarnación masculina y además naciera en la casta superior de los brahamanes, ya que todos los demás eran impuros, por lo que los hombres de castas inferiores tampoco podían acceder a los símbolos, prácticas y enseñanzas religiosas.
Así que el Buda Sakiamuni , se encontró con este terrible problema. Lo solucionó rápido oponiéndose a la discriminación de los seres humanos en función de su nacimiento y afirmó que un hombre es puro o impuro, superior o inferior, sólo en función del estado de su mente: Un hombre de mente impura, aún nacido en la casta superior, es impuro; un hombre de mente pura, aún nacido en la casta de los intocables, es puro.
Fue una conmoción para la sociedad india y un paso gigantesco para la época, el que buda Sakhiamuni diera entrada a todos los hombres sin más condición que la de aspirar a despertar.
Pero ¿Y las mujeres? Ah, eso era harina de otro costal, hasta el Buda se lo tuvo que pensar, tal era la ferrea presión social que se respiraba, y durante cierto tiempo se negó a las peticiones de su esposa y de las mujeres de su clan de ser aceptadas en la orden monástica.
El Buda se negaba no porque considerara que las mujeres fueran inferiores e incapaces de acceder a las más altas experiencias espirituales sino porque sabía que ello ocasionaría un gran rechazo social hacia la incipiente orden budista. Claro que un buda(El despierto)aunque sea jovencito sabe actuar a pesar de cualquier presión y así fue que aceptó la inclusión de las mujeres en el monacato.
Otro acto revolucionario que tardaría muchos siglos en asentarse, la mujer siempre estaría en segundo o tercer plano, dentro o fuera de los monasterios, hasta hoy día
Esta es la razón fundamental por la que me complace tanto que ahora en pleno siglo XXI,una mujer, monja Budista Soto Zen, haya podido salir a la luz.
En palabras de DoKusho Villalba, que hace una mágnífica presentación de Shundo Aoyama, de la cual me he valido para hacer esta síntesis:
“El hecho de que la maestra zen Shundo Aoyama Roshi sea contínuamente solicitada para dar conferencias y dirigir retiros de meditación tanto en Japón como en Occidente es, pues, un afortunado signo de los tiempos actuales”.
“Somos muchos los occidentales que consideramos que la tradición Soto Zen que hemos recibido vía Japón está excesivamente masculinizada. Excesivamente quiere decir demasiado polarizada en los valores masculinos patriarcales. No olvidemos que el Bushido, el código militar samurai, y el zen japonés se han influenciado y recreado mutuamente. Esta influencia se aprecia en un cierto espíritu militar que impregna la vida monástica zen japonesa, en la férrea jerarquía institucional y en el excesivo énfasis en valores típicamente masculinos como fuerza, resistencia, obediencia jerárquica, etc”.
Es necesario, pues, un nuevo paso hacia la igualdad , reequilibrarse .
“Y en este reequilibrio, la rica aportación de mujeres de sabiduría como Shundo Aoyama son imprescindibles.
Me alegra profundamente reconocer que la lectura de “Semillas Zen”me ha aportado algo que ninguna otra lectura Zen anterior había conseguido. ¿Cómo lo definiría?. Esa redondez, esa calidez, esa sencillez y cuidado de lo aparentemente insignificante, esa alegría natural por hechos simples de la vida cotidiana, esa sensibilidad hacia la belleza y ese calor del corazón que envuelve sus anécdotas....”.
En la entrada anterior de este blog he dejado hablar a la propia Shundo Aoyama, seleccionando dos fragmentos : El Tábano y Amor, de “Semillas Zen”. A su salud. Disfrútenlo.
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