miércoles, 4 de febrero de 2009

El Espejo de Viento y luna.

¿Espejo ó calavera?

Cuento 6.


El Espejo de Viento y Luna. Tsao Hsue-Kin (1719-1764). Sueño del Aposento Rojo.

Este cuento me fascina, es un ejemplo de sobriedad de estilo ó de cómo decir lo mínimo sugiriendo lo máximo. Al leerlo, su contenido se despliega con tantas sugerencias profundas que el lector, si quiere enterarse, ha de leerlo varias veces y con mucha atención, pues no sobra ni falta nada. Lo dificil está en lo escueto de su factura, en su sencillez. La intriga, la emoción, el misterio y sus mensajes se mantienen de principio a fín, te sobrecoge y te sorprende. ¿Qué más podemos pedir?
Su autor fue Tsao Hsue-Kin, novelista chino (Kiangsu). Diez años antes de su muerte empezó a escribir la vasta novela que ha determinado su gloria: El Sueño del Aposento Rojo. Es una novela realista en la que abundan los episodios oníricos y fantásticos, como suele suceder en las novelas realistas chinas.
El Espejo de Viento y Luna es una joya de las muchas que contiene El Sueño del Aposento Rojo. Y dice así:

…En un año las dolencias de Kia Yui se agravaron. La imagen de la inaccesible señora Fénix gastaba sus días; las pesadillas y el insomnio, sus noches.

Una tarde un mendigo taoista pedía limosna en la calle, proclamando que podía curar las enfermedades del alma. Kia Yui lo hizo llamar. El mendigo le dijo:
-
Con medicinas no se cura su mal. Tengo un tesoro que lo sanará si sigue mis órdenes.
De su manga sacó un espejo bruñido de ambos lados; el espejo tenía la inscripción: Precioso Espejo de Viento-y-Luna. Agregó:
-
Este espejo viene del Palacio del Hada del Terrible Despertar y tiene la virtud de curar los males causados por los pensamientos impuros. Pero guárdese de mirar en anverso. Sólo mire el reverso. Mañana volveré a buscar el espejo y a felicitarle por su mejoría.
Se fue sin aceptar las monedas que le ofrecieron.

Kia Yui tomó el espejo y miró según le había indicado el mendigo. Lo arrojó con espanto: el espejo reflejaba una calavera. Maldijo al mendigo; irritado, quiso ver el anverso. Empuñó el espejo y miró: Desde su fondo, la señora Fénix, espléndidamente vestida, le hacía señas . Kia Yui se sintió arrebatado por el espejo y atravesó el metal y cumplió el acto de amor. Después Fénix lo acompañó hasta la salida. Cuando Kia Yui se despertó, el espejo estaba al revés y le mostraba, de nuevo, la calavera. Agotado por la delicia del lado falaz del espejo, Kia Yui no resistió, sin embargo, a la tentación de mirarlo una vez más. De nuevo Fénix le hizo señas, de nuevo penetró en el espejo y satisficieron su amor. Esto Los ocurrió unas cuantas veces. La última, dos hombres lo apresaron al salir y lo encadenaron. Los seguiré, murmuró, pero déjenme llevar el espejo. Fueron sus últimas palabras. Lo hallaron muerto, sobre la sábana manchada.

Tsao Hsuei-Kin (1719-1764).Sueño del Aposento Rojo.

1 comentario:

Marisa dijo...

Efectivamente, hay que leerlo varias veces y con detenimiento.
Es curioso el juego que dan los espejos, presentes en tantos cuentos, casi tantos como los referentes a nuestra atracción por el lado oculto.
Besos,
Marisa