El empujón del Espíritu:
Sólo hay que dar los primeros pasos con intento y el espíritu se hace cargo, en realidad nada hacemos, se hace, sucede, nos creemos dueños de nuestros pasos y al guerrero que encuentra un camino de conocimiento tan sólo le queda su impecabilidad. Hay que tener cuidado con lo que pides porque el empujón puede ser mortal.
El intento cuando es sostenido se convierte en goce. Lama Tashi Lhamo, mi maestra de Budismo Tibetano, me enseñó a transformar el veneno en medicina, pero fue con este memorable suceso cuando constaté la profundidad y verdad de sus enseñanzas, descubrí que era cierto, que podemos transformar el obstáculo en oportunidad y que podemos hacerlo de verdad, en cualquier circunstancia, por muy dura y terrible que sea. Encarnar las enseñanzas es lo que más cuesta, por eso el espíritu te da un empujón y te vuelve del revés para que veas y comprendas un poco más.
El siguiente email lo escribí 10 días después de romperme la pierna y astillarme el hueso del hombro, explicando mi situación a lama Tashi Lhamo.y a otros amigos preocupados. Hoy 24 de enero se cumplen tres años de aquel accidente.
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OM TARE....
Amada y querida lama, querida y amada sangha:
Hoy viernes 3 de febrero es el primer día que me despierto fuera del hospital. Me tenéis emocionada con tanto amor y tanta generosidad, gracias por apoyarme de esta manera tan bonita y total, mi corazón está feliz y sé que ha sido gracias a todos vosotros que ahora puedo estar aquí escribiendo estas líneas. ¿Te acuerdas lama de cuando yo te hablaba de los obstáculos y las dificultades del camino y tú me decías que sí, pero que había regalitos? Efectivamente este viaje ha sido una comprobación permanente de la certeza y claridad del camino, los regalitos, en ocasiones verdaderos milagros, se han ido sucediendo. Las tres joyas siempre presentes, la magia hecha realidad e incluso lo de convertir el veneno en néctar, se dan simplemente con invertir los patrones de conducta, haciendo de las enseñanzas una experiencia viva. Doy gracias por haber tenido el consuelo del Dharma, ahora comprendo a fondo y de verdad lo que son las tres joyas y lo privilegiados que somos por contar con tanta ayuda.
Livia y yo hemos venido a Pullahari para aprender algo más que el programa previsto. Al parecer nos estaban haciendo falta “otras cosillas”.
Después de los dos primeros días como turistas en Katmandú, exhaustas pero asombradas de contemplar una cultura tan diferente y una manera de vivir tan extraordinaria, los siguientes nueve días los pasamos en el paraíso de Pullahari como alumnas modélicas y practicantes estudiosas a tope. Fuera del cansancio propio de tal marcha no tuvimos enfermedad alguna de las previstas, nos adaptamos bastante bien, durmiendo poco y pasando frío pero nada más. Pero, hete aquí, el día 24 de enero a las tres y media de la tarde decidimos ir a visitar el monasterio más cercano de Kopan donde Osel reencarnación del lama Yeshe se formó. Múa, chavala de 22 años, compañera del curso conocía el camino y nos aseguró que en 20 minutos estaríamos allí. El camino resulto ser difícil, Múa que iba delante de mí se resbaló por una rampita para bajar al camino, yo pensé: "me voy a caer" y pretendiendo evitarlo dí un paso en falso y me caí, fracturándome la tibia y el peroné de la pierna izquierda y el hombro del brazo izquierdo. Mua se fue a buscar ayuda al monasterio mientras Livia me consolaba como podía, tan asustada como yo de ver el pie, que se había dado la vuelta de una manera siniestra, a punto de desprenderse.
Mientras los campesinos nos rodeaban en círculo nosotros yacíamos sobre la tierra hasta que llego Chowen, el contable del monasterio, chicarrón guapo y fuerte que pretendía cogerme a cuestas para bajarme por empinadas veredas casi verticales hasta llegar a la carretera. Los huesos rotos me habían atravesado la pierna y el dolor era tan insoportable que me desmayé, desgraciadamente solo fueron unos segundos, estaba claro que aquello había que vivirlo con plena conciencia. Por fin decidieron bajarme tres campesinos que conocían bien el terreno. Ya en la carretera, esperamos el taxi y vivimos otra odisea para meterme en él, con un nuevo elemento ya presente, la sangre que ya calaba los dos pares de calcetines y la bota, además del chaquetón con el que habíamos cubierto el pie para no manchar el coche. Dentro cinco ángeles me acompañaron durante las horas que duro el trayecto. El sueño-pesadilla me hacía llorar, reir y rezar, los mantras y oraciones, las canciones que Livi me cantaba y que yo intentaba corear emocionada: las ocho situaciones básicas que no hay que rehuir “el dolor es básicamente puro...”, “mi cuerpo es el fortín del yidam...mi palabra es el fortín del mantra...Mi mente es el fortín de la clara luz y mis pasos poderosos van... Como un león...” Ya digo que cantábamos y nos reíamos... Om mara patsana di di …¡Qué consuelo más grande, qué fuerza más poderosa puede transportarte en un segundo a la mayor felicidad dentro del mayor dolor!
La situación era tan caótica y absurda, atrapadas en un mal sueño y sin poder salir de él, llegamos al primer hospital donde me hicieron radiografías y me miraron el pie. Livia se mareó cuando me intentaron sacar el pie de la bota y vislumbró la escabechina, el taxista me decía palabras nepalíes de consuelo. Ante la falta de medios de aquel hospital decidieron llevarme al considerado mejor hospital de Katmandú, en el otro extremo de la ciudad, para lo que hubo que sortear los habituales atascos y el caótico tráfico nocturno durante cerca de dos horas. Dentro del taxi Dharma y vida totalmente unidos, Samsara y Nirvana entretejiendo la trama.
Me operaron nada más llegar, a las 9 de la noche, durante dos horas de las que salí con una barra de acero que me atravesaba el talón y dos barras verticales sosteniendo un peso de tres kilos por fuera para tirar de la tibia que se había quedado corta. Me pusieron Ketamina de anestesia, según me contó Bibiana, una anestesia para gatos muy apreciada por los jóvenes psicodélicos pues provoca visiones y estados psicotrópicos. Así que el despertar fue apoteósico, antes de abrir los ojos viví una experiencia no desagradable pero si bastante heavy. Era como una disolución de los agregados hasta ser aire y espacio, con la sensación de no tener el timón en absoluto, de estar en otro mundo. Livia me contó después que balbuceaba y cantaba palabras como Mahamudra, bodichita y mantras varios. Livi me seguía la bola y cantaba conmigo con toda su dulzura, eran las once de la noche y los que por allí estaban flipaban ante tan insólito espectáculo.
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OM TARE....
Amada y querida lama, querida y amada sangha:
Hoy viernes 3 de febrero es el primer día que me despierto fuera del hospital. Me tenéis emocionada con tanto amor y tanta generosidad, gracias por apoyarme de esta manera tan bonita y total, mi corazón está feliz y sé que ha sido gracias a todos vosotros que ahora puedo estar aquí escribiendo estas líneas. ¿Te acuerdas lama de cuando yo te hablaba de los obstáculos y las dificultades del camino y tú me decías que sí, pero que había regalitos? Efectivamente este viaje ha sido una comprobación permanente de la certeza y claridad del camino, los regalitos, en ocasiones verdaderos milagros, se han ido sucediendo. Las tres joyas siempre presentes, la magia hecha realidad e incluso lo de convertir el veneno en néctar, se dan simplemente con invertir los patrones de conducta, haciendo de las enseñanzas una experiencia viva. Doy gracias por haber tenido el consuelo del Dharma, ahora comprendo a fondo y de verdad lo que son las tres joyas y lo privilegiados que somos por contar con tanta ayuda.
Livia y yo hemos venido a Pullahari para aprender algo más que el programa previsto. Al parecer nos estaban haciendo falta “otras cosillas”.
Después de los dos primeros días como turistas en Katmandú, exhaustas pero asombradas de contemplar una cultura tan diferente y una manera de vivir tan extraordinaria, los siguientes nueve días los pasamos en el paraíso de Pullahari como alumnas modélicas y practicantes estudiosas a tope. Fuera del cansancio propio de tal marcha no tuvimos enfermedad alguna de las previstas, nos adaptamos bastante bien, durmiendo poco y pasando frío pero nada más. Pero, hete aquí, el día 24 de enero a las tres y media de la tarde decidimos ir a visitar el monasterio más cercano de Kopan donde Osel reencarnación del lama Yeshe se formó. Múa, chavala de 22 años, compañera del curso conocía el camino y nos aseguró que en 20 minutos estaríamos allí. El camino resulto ser difícil, Múa que iba delante de mí se resbaló por una rampita para bajar al camino, yo pensé: "me voy a caer" y pretendiendo evitarlo dí un paso en falso y me caí, fracturándome la tibia y el peroné de la pierna izquierda y el hombro del brazo izquierdo. Mua se fue a buscar ayuda al monasterio mientras Livia me consolaba como podía, tan asustada como yo de ver el pie, que se había dado la vuelta de una manera siniestra, a punto de desprenderse.
Mientras los campesinos nos rodeaban en círculo nosotros yacíamos sobre la tierra hasta que llego Chowen, el contable del monasterio, chicarrón guapo y fuerte que pretendía cogerme a cuestas para bajarme por empinadas veredas casi verticales hasta llegar a la carretera. Los huesos rotos me habían atravesado la pierna y el dolor era tan insoportable que me desmayé, desgraciadamente solo fueron unos segundos, estaba claro que aquello había que vivirlo con plena conciencia. Por fin decidieron bajarme tres campesinos que conocían bien el terreno. Ya en la carretera, esperamos el taxi y vivimos otra odisea para meterme en él, con un nuevo elemento ya presente, la sangre que ya calaba los dos pares de calcetines y la bota, además del chaquetón con el que habíamos cubierto el pie para no manchar el coche. Dentro cinco ángeles me acompañaron durante las horas que duro el trayecto. El sueño-pesadilla me hacía llorar, reir y rezar, los mantras y oraciones, las canciones que Livi me cantaba y que yo intentaba corear emocionada: las ocho situaciones básicas que no hay que rehuir “el dolor es básicamente puro...”, “mi cuerpo es el fortín del yidam...mi palabra es el fortín del mantra...Mi mente es el fortín de la clara luz y mis pasos poderosos van... Como un león...” Ya digo que cantábamos y nos reíamos... Om mara patsana di di …¡Qué consuelo más grande, qué fuerza más poderosa puede transportarte en un segundo a la mayor felicidad dentro del mayor dolor!
La situación era tan caótica y absurda, atrapadas en un mal sueño y sin poder salir de él, llegamos al primer hospital donde me hicieron radiografías y me miraron el pie. Livia se mareó cuando me intentaron sacar el pie de la bota y vislumbró la escabechina, el taxista me decía palabras nepalíes de consuelo. Ante la falta de medios de aquel hospital decidieron llevarme al considerado mejor hospital de Katmandú, en el otro extremo de la ciudad, para lo que hubo que sortear los habituales atascos y el caótico tráfico nocturno durante cerca de dos horas. Dentro del taxi Dharma y vida totalmente unidos, Samsara y Nirvana entretejiendo la trama.
Me operaron nada más llegar, a las 9 de la noche, durante dos horas de las que salí con una barra de acero que me atravesaba el talón y dos barras verticales sosteniendo un peso de tres kilos por fuera para tirar de la tibia que se había quedado corta. Me pusieron Ketamina de anestesia, según me contó Bibiana, una anestesia para gatos muy apreciada por los jóvenes psicodélicos pues provoca visiones y estados psicotrópicos. Así que el despertar fue apoteósico, antes de abrir los ojos viví una experiencia no desagradable pero si bastante heavy. Era como una disolución de los agregados hasta ser aire y espacio, con la sensación de no tener el timón en absoluto, de estar en otro mundo. Livia me contó después que balbuceaba y cantaba palabras como Mahamudra, bodichita y mantras varios. Livi me seguía la bola y cantaba conmigo con toda su dulzura, eran las once de la noche y los que por allí estaban flipaban ante tan insólito espectáculo.
Después dos días sin moverme de posición. La corrupción hizo su aparición, con chantajes y subidas de precio, así como amenazas de no operarme si no nos aveníamos a sus abusos. Livia se enfrentó como una leona pero tuvimos que ceder, urgía una nueva operación para colocar un nuevo aparato. Me operaron y esta vez fueron cinco horas se pasaron con la anestesia y tuve un paro cardíaco y respiratorio. Desperté sola en la UVI con la parafernalia al uso, junto a una señora que moría junto a mí. Horas después pudo entrar Livi a verme y ya nos trasladaron a una habitación con cortinilla y con ventanuco, al menos unas horas de luz natural y algún mono que otro haciendo burlas a través del cristal. Livi, mi protectora, que como una dakini valiente tuvo que enfrentarse con la espada de Manjusri cortando las mil cabezas de extraños dragones, estaba agotada y muy resfriada. Viviana la sustituyó. Gracias Viviana, apenas me conocías y me cuidaste con todo tu amor.
Empezaron a venir las visitas de Pullahari: las valencianas, nuevos fichajes para la sangha, son estupendas. Las dos monjitas del Dalai lama, Dhammadinna y Tenzin Jesse apasionadas del castellano, del Camarón y de la Niña de la Puebla, rapadas y con su hábito, graciosas y dicharacheras. Por fin llegaron Fidel y Muriel, la emoción que me produjo su llegada palió bastante el horror de mi pierna travesada por catorce barras de acero, apuntalando el hueso y ligadas a una estructura cilíndrica de tres ruedas y media, que rápidamente bautizamos como ruedas de la fortuna o ruedas samsáricas. Yo recordaba a Frida Khalo y me sentía afortunada.
Las enfermeras allí sólo están de adorno, son voluntarias que no saben poner ni un vendaje, así que el médico enseñó primero a Livia y después a Fidel y Muriel, a limpiarme las heridas...etc.
Ahora Livia esta ya recuperada en el monasterio y yo aquí con mis hijos, enormemente feliz, los dos amorosos al máximo, eficientes y llenos de alegría, gracias una vez más por haberles ayudado a venir.
No quiero que estéis tristes por mí, todo lo que nos ocurre es kármico y lo importante es transformar el veneno en medicina. Está siendo una gran oportunidad para experimentar lo que nuestra lama tan bien nos ha enseñado: la impermanencia, la fragilidad de este cuerpo maravilloso, la cercanía de la muerte, la interdependencia... Nunca lo había vivido de esta manera tan clara y real. Voy comprendiendo que dependemos los unos de los otros y esta dependencia no es buena ni mala, es. El intercambiarme por todos los seres que sufren y no tienen el consuelo del Dharma ni de una Lama ni de una Sangha, ni de unos hijos y amigos que los cuiden con amor. Nunca me había sentido tan cerca de los que sufren.
Nos os podéis imaginar el estado tan lamentable en el que están los hospitales aquí, durante los primeros días ni me cambiaban las sábanas ni me lavaban, ni nada. Si no llega a ser por otro milagro, otro regalito, las cosas no se habrían resuelto tan bien como se están resolviendo. Casualmente el embajador de la unión europea, Eduardo Lechuga, se estaba haciendo un chequeo en este hospital, con el cual estaba a punto de firmar un acuerdo económico de prestación de servicios médicos para los ciudadanos de la UE, acuerdo que sería muy rentable para el hospital. Entonces supo de una española que estaba ingresada e insistió en querer verme. A partir de ahí, él y su mujer empezaron a hacerse cargo de la situación, pusieron firmes al director impidiendo la estafa y sacándonos de allí Ana y Eduardo me pusieron en manos de un medico belga y nos instalaron, previo arreglo, en una estancia especial en un hotel y aquí estamos por fin, en una habitación llena de luz, con baño y tres camas, unos ventanales amplios que dan al jardín y una cocinita independiente en la planta de arriba. Desde aquí todo es ya más amable y soportable.
Khempo Choky , gran maestro de Pullahari venía casi a diario a verme al hospital, con su imponente presencia llenaba aquel cuartucho y lo transformaba en una suite de lujo. Lleno de cariño, de luz y de alegría, en todo momento ha estado pendiente de mí y cuando el dolor era muy fuerte hacía lodjong conmigo. Por aquí, por el hotel sigue viniendo, el otro día probó una sopa de alubias pintas y una ensalada de tomate que Fidel había hecho. Nos cuenta anécdotas de sus viajes y nos trae frutas de regalo.
Livia sigue viniendo de cuando en cuando, ya está totalmente recuperada y contenta de estar aquí. De vez en cuando sale con Muriel y se van juntas de paseo. Fidel anda haciendo fotos y brujuleando por ahí todo cuanto puede y le permiten sus responsabilidades filiales. Hacemos bromas respecto al gran hermano que estamos viviendo en esta misma habitación de hotel los tres juntos y nos reímos todo lo que podemos de nuestra suerte.
La situación política en estos días ha sido muy movida, con huelgas y elecciones boicoteadas por la guerrilla. Aun así, en Katmandú no ha habido disturbios considerables y pese a que se temían enfrentamientos no ha pasado gran cosa. La guerrilla está echando un pulso con el rey, que es un tirano, pero el pueblo parece asistir con cierta distancia a las noticias y la impresión que tenemos todos es que mucho ruido y pocas nueces. La situación aquí no es más violenta que en España, lo cual dice mucho a favor de un pueblo tan económicamente deprimido y sin embargo tan amable como el nepalí.
Aprendo paciencia y descubro que ser paciente es estar ahí, con plena presencia, sin huir de lo que en cada momento nos toca vivir. El miedo del miedo cierra la puerta de nuestro corazón. No tenemos que ser mejor ni peor, sabios ni santos, simplemente ser lo que somos de la manera más natural, sin fabricaciones mentales. Al huir manipulamos nuestra experiencia, nos apartamos de los momentos de presencia que nos ponen al desnudo. Es el miedo al dolor y al sufrimiento y el esperar continuamente una felicidad falsa y de cartón piedra lo que de verdad nos hace sufrir. Abrazar y aceptar lo que somos, fundirnos con esa luz que vive entre las sombras y las ilumina. Vivir mi dolor y en él integrar todo el dolor de los que sufren, invertir el proceso, los patrones habituales, esto es lo que de verdad sana las heridas.
Nuevamente doy gracias de todo corazón, me siento querida y ese es el mayor regalo que puede recibir un ser humano. Os quiero, preciosas joyas, siempre cerca, muy cerquita, latiendo corazón, espacio enamorado.
Con todo mi amor, Blanca.
Empezaron a venir las visitas de Pullahari: las valencianas, nuevos fichajes para la sangha, son estupendas. Las dos monjitas del Dalai lama, Dhammadinna y Tenzin Jesse apasionadas del castellano, del Camarón y de la Niña de la Puebla, rapadas y con su hábito, graciosas y dicharacheras. Por fin llegaron Fidel y Muriel, la emoción que me produjo su llegada palió bastante el horror de mi pierna travesada por catorce barras de acero, apuntalando el hueso y ligadas a una estructura cilíndrica de tres ruedas y media, que rápidamente bautizamos como ruedas de la fortuna o ruedas samsáricas. Yo recordaba a Frida Khalo y me sentía afortunada.
Las enfermeras allí sólo están de adorno, son voluntarias que no saben poner ni un vendaje, así que el médico enseñó primero a Livia y después a Fidel y Muriel, a limpiarme las heridas...etc.
Ahora Livia esta ya recuperada en el monasterio y yo aquí con mis hijos, enormemente feliz, los dos amorosos al máximo, eficientes y llenos de alegría, gracias una vez más por haberles ayudado a venir.
No quiero que estéis tristes por mí, todo lo que nos ocurre es kármico y lo importante es transformar el veneno en medicina. Está siendo una gran oportunidad para experimentar lo que nuestra lama tan bien nos ha enseñado: la impermanencia, la fragilidad de este cuerpo maravilloso, la cercanía de la muerte, la interdependencia... Nunca lo había vivido de esta manera tan clara y real. Voy comprendiendo que dependemos los unos de los otros y esta dependencia no es buena ni mala, es. El intercambiarme por todos los seres que sufren y no tienen el consuelo del Dharma ni de una Lama ni de una Sangha, ni de unos hijos y amigos que los cuiden con amor. Nunca me había sentido tan cerca de los que sufren.
Nos os podéis imaginar el estado tan lamentable en el que están los hospitales aquí, durante los primeros días ni me cambiaban las sábanas ni me lavaban, ni nada. Si no llega a ser por otro milagro, otro regalito, las cosas no se habrían resuelto tan bien como se están resolviendo. Casualmente el embajador de la unión europea, Eduardo Lechuga, se estaba haciendo un chequeo en este hospital, con el cual estaba a punto de firmar un acuerdo económico de prestación de servicios médicos para los ciudadanos de la UE, acuerdo que sería muy rentable para el hospital. Entonces supo de una española que estaba ingresada e insistió en querer verme. A partir de ahí, él y su mujer empezaron a hacerse cargo de la situación, pusieron firmes al director impidiendo la estafa y sacándonos de allí Ana y Eduardo me pusieron en manos de un medico belga y nos instalaron, previo arreglo, en una estancia especial en un hotel y aquí estamos por fin, en una habitación llena de luz, con baño y tres camas, unos ventanales amplios que dan al jardín y una cocinita independiente en la planta de arriba. Desde aquí todo es ya más amable y soportable.
Khempo Choky , gran maestro de Pullahari venía casi a diario a verme al hospital, con su imponente presencia llenaba aquel cuartucho y lo transformaba en una suite de lujo. Lleno de cariño, de luz y de alegría, en todo momento ha estado pendiente de mí y cuando el dolor era muy fuerte hacía lodjong conmigo. Por aquí, por el hotel sigue viniendo, el otro día probó una sopa de alubias pintas y una ensalada de tomate que Fidel había hecho. Nos cuenta anécdotas de sus viajes y nos trae frutas de regalo.
Livia sigue viniendo de cuando en cuando, ya está totalmente recuperada y contenta de estar aquí. De vez en cuando sale con Muriel y se van juntas de paseo. Fidel anda haciendo fotos y brujuleando por ahí todo cuanto puede y le permiten sus responsabilidades filiales. Hacemos bromas respecto al gran hermano que estamos viviendo en esta misma habitación de hotel los tres juntos y nos reímos todo lo que podemos de nuestra suerte.
La situación política en estos días ha sido muy movida, con huelgas y elecciones boicoteadas por la guerrilla. Aun así, en Katmandú no ha habido disturbios considerables y pese a que se temían enfrentamientos no ha pasado gran cosa. La guerrilla está echando un pulso con el rey, que es un tirano, pero el pueblo parece asistir con cierta distancia a las noticias y la impresión que tenemos todos es que mucho ruido y pocas nueces. La situación aquí no es más violenta que en España, lo cual dice mucho a favor de un pueblo tan económicamente deprimido y sin embargo tan amable como el nepalí.
Aprendo paciencia y descubro que ser paciente es estar ahí, con plena presencia, sin huir de lo que en cada momento nos toca vivir. El miedo del miedo cierra la puerta de nuestro corazón. No tenemos que ser mejor ni peor, sabios ni santos, simplemente ser lo que somos de la manera más natural, sin fabricaciones mentales. Al huir manipulamos nuestra experiencia, nos apartamos de los momentos de presencia que nos ponen al desnudo. Es el miedo al dolor y al sufrimiento y el esperar continuamente una felicidad falsa y de cartón piedra lo que de verdad nos hace sufrir. Abrazar y aceptar lo que somos, fundirnos con esa luz que vive entre las sombras y las ilumina. Vivir mi dolor y en él integrar todo el dolor de los que sufren, invertir el proceso, los patrones habituales, esto es lo que de verdad sana las heridas.
Nuevamente doy gracias de todo corazón, me siento querida y ese es el mayor regalo que puede recibir un ser humano. Os quiero, preciosas joyas, siempre cerca, muy cerquita, latiendo corazón, espacio enamorado.
Con todo mi amor, Blanca.
4 comentarios:
qué impresionante leer tu historia contada por ti. escribes muy bien, Blanca, y fuiste muy valiente para aceptar y asumir lo que te estaba pasando. te admiro mucho por tu fortaleza y tu fragilidad, tu profundo amor por la sabiduría ancestral, tus conocimientos y artes. Usas la palabra justa, sin deshacerte del dolor, sin rehuirlo, sin recrearte en él.
gracias por dejarnos leerte.
muchos besos te mando
Gracias Kori, por animarme con tu cariño.
mejor que lo ha dicho no koral no se puede decir. Me adhiero a sus palabras y añado mi asombro por el relato que ya lo conocía por fidel, pero que de 1ª mano hiela las entretelas. un saludo. gloria
Gracias por tu atención.Me anima y me incentiva.
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