viernes, 16 de enero de 2009

Con Chantal Maillard y Okakuro Kakuso. La mirada que juzga.


Con Chantal Maillard y Okakuro Kakuso. 
La mirada que juzga.





Hace un tiempo leí una entrevista a Chantal Maillard.
Todo lo que en ella decía era interesante, profundo, apasionado. Pero lo que más me impactó fue su vivencia de sí y del otro. Le preguntaban:-
“¿Qué ve y qué desearía ver cuando una mirada ajena le devuelve su imagen?”

-“ La mirada ajena, generalmente, me produce malestar, incluso miedo. A la de los seres humanos me refiero, la de los animales es inocente. Y es que miramos juzgando. Cuando era niña acostumbraba a quedarme mirando a las personas, en los tranvías por ejemplo; no miraba exactamente, sino que participaba de aquello que miraba. Me introducía en aquellos que tenía delante, vivía en ellos. Sin ser consciente de ello, por supuesto, simplemente me ausentaba de mí. Era una mirada inocente. Una mirada sin sujeto y sin objeto. Casi no era mirada. El juicio, en cambio, es el principio de las diferencias. La mirada que enjuicia compara, elabora, crea al otro. No me gusta sentirme otra:- El otro siempre está solo.”Por aquel entonces yo andaba horrorizada con mis incontables juicios, intentar contar los que podía largar en un solo día era casi imposible, solía desanimarme pues apenas había un corto espacio entre uno y el siguiente, pero no dejaba de intentarlo y de la insistencia nació un nuevo encuentro con esos instantes en los que los juícios abochornados al ser descubiertos, una y otra vez, huyen, esos instantes mágicos en los que se esfuma la separación.
Mi amigo Miguel, me decía que todo lo que ocurre es para nosotros, que el que se examina siempre es uno, no el otro.
Estar pendiente de uno, de lo que uno siente, padece ó piensa cuando está con el otro y lo ve como otro, darse cuenta de lo que somos en cada instante. Vivirse con amor. La realidad es lo que pasa dentro de nosotros, me dijo un día Pema Chodrón, qué curioso que todo sea al revés de lo que hemos aprendido, urge desaprender, llenar de nuevo contenido las palabras sofocadas por el engaño.
Un cuento japonés que Paulo Coello citaba el otro día en un periódico, bajo el título de “Viéndose a sí mismo”, me volvió a traer a Chantal Maillard y sus palabras. El cuento dice así:-

“Cuando estés delante de tu compañero, procura mirarte a ti mismo – dijo el maestro japonés Okakuro Kakuso.
- Pero ¿no es esto una actitud egoísta?- cuestionó un discípulo- Si nos preocupamos por nosotros mismos, jamás veremos lo que los otros tienen de bueno para ofrecer.
- Ojalá siempre consiguiéramos ver las cosas buenas que están a nuestro alrededor – contestó Kakuso-, pero, en verdad, cuando miramos al prójimo, estamos sólo buscando defectos. Intentamos descubrir su maldad, porque deseamos que sea peor que nosotros. Nunca lo perdonamos si nos hiere porque creemos que jamás seríamos perdonados por él . Conseguimos herirlo con palabras duras, afirmando que decimos la verdad, cuando apenas estamos intentando ocultarla de nosotros mismos. Fingimos que somos importantes para que nadie pueda ver nuestra fragilidad. Por eso siempre que estés juzgando a tu hermano, ten conciencia de que eres tú quien está en el tribunal”.
En palabras de Lama Tashi Lhamo: “dejarse vivir".

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