domingo, 20 de noviembre de 2011

El Anhelo de los Sabios. Poema 32.

Blanca. 2004. “En la quietud del silencio”. Lapiz papel y tinta.


El anhelo de los sabios


No hacer nada.

Tan sólo reposar en el espacio,

viva consciencia.

Dejar que lo que sea,

sin más, suceda.


Y en tu quietud,

el vuelo de los pájaros.

Y en tu silencio,

el canto de la vida, que no cesa.

Y en tu soledad,

la eterna compañía.


Déjalo ser,

que se haga en ti, sin ti.

Deja que el hacer

se disuelva en la presencia.

Así, sin ser nada,

lo serás todo.


Blanca ( Sant Feliú. 2011)

lunes, 6 de diciembre de 2010

Meditación y Salud. Con D.Chopra I.

Visión. Gregory Colbert.


La Meditación disminuye la Edad Biológica:-

“Se ha demostrado claramente la vinculación entre el envejecimiento y la hormona del
estrés.
Existe una técnica de mente-cuerpo que va directamente a la raíz de la respuesta al estrés, liberándonos de las tensiones recordadas que originan nuevas tensiones: La meditación. Con frecuencia se descubre que los niveles de cortisol y adrenalina son menores en quienes meditan desde hace mucho tiempo, y sus mecanismos de resistencia tienden siempre a ser más potentes que el promedio.

Antes de que comenzara la década de los setenta, ni siquiera sospechábamos estos beneficios. La meditación ofreció pocos atractivos a la medicina occidental hasta que un joven fisiólogo de la Universidad de California, llamado R. Keith Wallace, demostró que, más allá de sus implicaciones espirituales, la meditación tenía profundos efectos en el cuerpo.
Wallace experimentó con jóvenes voluntarios practicantes de Meditación Trascendental conectándolos a monitores que miden las funciones corporales críticas durante la meditación, subjetívamente estos jóvenes informaban experimentar una mayor calma y silencio interior.


Aunque hasta entonces se había pensado que se requerían años de práctica para alcanzar un estado meditativo profundo, la técnica de MT producía muy pronto una relajación profunda y cambios significativos en la respiración, el ritmo cardiaco y la presión sanguínea.

La MT se basa en la repetición silenciosa de una palabra sanscrita determinada (o mantra), cuyas vibraciones sonoras conducen poco a poco a la mente fuera del proceso normal del pensamiento hacia el silencio subyacente. Como tal, un mantra es un mensaje muy específico insertado en el sistema nervioso. Como los mantras se utilizan en la India desde hace miles de años, su efecto fisiológico exacto es bien conocido como parte de la ciencia del yoga o unión. La meta del yoga es unir la mente pensante con su fuente en conciencia pura.

En términos modernos, “conciencia pura” significa espacio cuántico, el vacío silencioso que es el vientre de toda la materia y toda la energía. La conciencia pura existe en el vacío entre dos pensamientos; es el fondo invariable contra el que se produce toda actividad mental. Por lo común no podemos sospechar la existencia de ese estado, porque la mente está demasiado preocupada con el torrente de pensamientos, deseos, sueños, fantasías y sensaciones que llenan la conciencia de vigilia. Por eso los antiguos sabios hindúes tuvieron que idear la técnica específica de la meditación a fin de mostrar a la mente sus propios orígenes en profundidades cuánticas.

La descripción de la MT , en este texto, no puede enseñar realmente al lector cómo se medita. La técnica de MT se puede describir verbalmente o por escrito, pero para aprenderla debidamente es necesario recibir instrucciones personales de un maestro de meditación bien preparado. Miles de personas se inician en la técnica sólo para abandonarla prematuramente; esto se debe a que no hay desafío mayor que la relación íntima con uno mismo, abierta por la meditación. Dedicarse a esta práctica sin darle mayor importancia casi siempre lleva al fracaso; como los beneficios son demasiado profundos para desecharlos con tanta ligereza, he decidido (D. Chopra), aunque con renuencia, no decir a mis lectores cómo se medita. Como resultado quizás serán menos los que se inicien, pero se preservará la pureza y el valor de la enseñanza, tornándola mejor para los que se inicien correctamente.

Cuando Wallace inició esta investigación, la mecánica de la meditación no era bien comprendida en términos científicos. El fue el primero en demostrar que permanecer sentado en meditación, con los ojos cerrados, induce al sistema nervioso a entrar en un estado de “alerta en reposo”; es decir, la mente se mantiene despierta mientras el cuerpo entra en una relajación profunda.
A su descubrimiento, el estado de alerta en reposo, se generó considerable curiosidad en la profesión médica, que hasta entonces había considerado como opuestos el descanso y la alerta.
El sueño es un estado hipometabólico en el que decrece el consumo de oxígeno, el corazón late con mayor lentitud y la conciencia se borra. El estado de vigilia, por el contrario, se caracteriza por un mayor consumo de oxígeno, un ritmo cardiaco más rápido y una mente alerta.
Wallace descubrió que en la meditación se unían estos opuestos; aunque los sujetos meditantes se mantenían lo bastante alerta para oprimir un botón cada vez que trascendían (es decir, cuando experimentaban la conciencia pura), caían en un estado de reposo dos veces más profundo que el sueño más profundo. Más aún: lo hacían con mucha celeridad; generalmente, antes de transcurridos diez minutos después de cerrar los ojos, en contraste con las cuatro, cinco o seis horas que tardamos en lograr la relajación más profunda cuando dormimos.

En 1978, Wallace investigó los efectos de la meditación en el envejecimiento humano descubriendo que los meditadores que llevaban menos de cinco años tenían una edad biológica cinco años inferior a su edad cronológica y los que meditaban desde hacía más de cinco años eran doce años más jóvenes de lo que indicaba su edad cronológica. Estos resultados eran tan válidos entre los sujetos más jovenes como en los de mayor edad.
En investigaciones posteriores sobre el estado general de salud de los dos mil meditadores, en un plan de seguros de grupo,confirmaron que gozaban de notable buena salud en todos los grupos de edad. Significativamente ,
las mayores mejoras se notaban en los meditadores que superaban los 65 años de edad.

En mi condición de médico, desde 1980 recomendaba practicar la MT, además de practicarla yo mismo. A fines de esta década, un colega mío, el doctor Jay Glaser, me invitó a colaborar en la investigación de un asteroide muy intrigante llamado DHEA (dehidroepiandrosterona).
La DHEA es segregada por la corteza suprarrenal; circula en la sangre en grandes cantidades. Es la única hormona que declina con la edad en línea recta.
Los niveles de DHEA llegan a su máximo alrededor de los 25 años; caen en proporción cada vez mayor después de la menopausia y se reducen al 5% en el último año de vida. Se sabía que es una precursora de las hormonas del estrés, tales como la adrenalina y el cortisol; eso significa que, cuando el cuerpo elabora estas hormonas, debe utilizar parte de la reserva de DHEA con la que hemos nacido. El que la DHEA disminuya es un reflejo del estrés.

En experimentos con ratones a los que se le administró DHEA se observó una notable reversión del envejecimiento. Pero debido a los efectos colaterales graves y a que no se puede administrar por vía oral no se podía patentar para los humanos. Lo que sí está claro es que los niveles altos de esta hormona se asocian con una menor incidencia de trastornos en la arteria coronaria, cáncer de mama y osteoporosis. Esto tiene sentido, porque todas estas dolencias del envejecimiento se pueden asociar con una excesiva respuesta al estrés. También se asocia el mayor nivel alto de DHEA con la mayor supervivencia y la disminución de fallecimientos por cualquier tipo de enfermedad en los hombres mayores.

Glaser comprobó los niveles de DHEA en 328 meditadores comparándolos con 1.462 personas que no meditaban, clasificándolos por sexo y edad y decubrió que los niveles de DHEA eran más elevados entre los que meditaban, comprobando que la edad biológica disminuye con la práctica de la meditación (MT). Lo interesante es que las diferencias más marcadas se presentaban en los sujetos de más edad. Los meditadores mayores de 45 años tenían un 23 por ciento más de DHEA; las mujeres, un 47 por ciento más. Este impresionante resultado no dependía de la dieta, el ejercicio, el consumo de alcohol ni el peso”.

D. Chopra. Cuerpos sin edad, mentes sin tiempo. Ed. Zeta.


martes, 30 de noviembre de 2010

La Tristeza y la Alegría del Guerrero

El Vagabundo. R. Varo


Según el budismo la palabra guerrero no se refiere a quien manifiesta agresión o violencia sino a quien lucha contra el deseo de victoria personal.

Para un guerrero, lo importante no es afirmarse o imponerse frente a los demás, sino ser fiel a su propio corazón, palabra del mismo origen etimológico que “valentía y coraje”. El coraje y la valentía consisten en dejarse sentir el corazón abierto y vulnerable.

“Si permanecemos en sintonía con el corazón y sentimos su cualidad sin juzgarlo ni reaccionar impulsivamente contra él, descubrimos que debajo de todos los altibajos emocionales hay un sentimiento más profundo, tierno y constante. En el centro del corazón hay una profunda e inalterable sensación de tristeza y alegría que proviene de estar abiertos al mundo y de responder a él profundamente”.
(Jeremy Hayward.“Camino de Shambhala”)

Normalmente tenemos miedo de la profundidad de ese sentimiento que nos deja al desnudo. Sin embargo el verdadero guerrero debe, según Ch.Trungpa “sentir tristeza y ternura; por eso el guerrero puede ser, además, muy valiente. Si uno no siente esa tristeza de todo corazón, la valentía es tan frágil como una taza de porcelana. Si uno la deja caer se romperá y se cascará” “Cultivar el corazón auténtico de la tristeza es el verdadero camino”. “Si queremos ser plenamente humanos no debemos inmunizarnos contra el mundo, sino abrirnos a él”.
Ch.Trungpa R. (Shambala: La senda sagrada del guerrero.)

“Sad”, la palabra inglesa que define el hecho de estar triste viene del latín "satis", que significa “bastante” “justo lo necesario”. Así que en este término hay un sentido de plenitud y riqueza que aparece en nuestra palabra "satisfacción".

La tristeza no tiene nada que ver con la concepción corriente que la asocia a una forma de depresión, sino que es la cualidad natural del corazón humano, tierno y pleno a la vez. Esta experiencia imparcial de plenitud lo abarca todo con profunda unidad.

“El guerrero que hace frente a su existencia y a su miedo magnetiza una dignidad poderosa, llamada Wuantang, término tibetano que significa literalmente “campo de poder”. Ch. Trungpa prefiere traducirlo por “presencia auténtica”, en efecto ese poder es una sensación de confianza muy profunda que irradia y nos pone en relación directa con la realidad. Es la fuerza de la vida desplegada en todo su apogeo.
Dicho poder, so pena de transformarse en veneno, no puede servir para confirmar nuestra existencia, sino que es como un viento de alegría que nos pone al desnudo. En palabras de Trungpa: “La experiencia personal de ese viento se da como una sensación de estar completa y poderosamente en el presente”. Así pues, no hay razón alguna para tener miedo de ese poder”.
(Fabrice Midal. Trungpa. Biografía).



domingo, 28 de noviembre de 2010

El Tonglén y otros remedios.

Paisaje. Bella Segovia

Sabemos que los dolores y los obstáculos son nuestros amigos y aliados, el cuerpo avisa de mil maneras que algo hemos de hacer para que no nos haga daño. Por ejemplo querernos más y mejor, darnos cuenta de la maravilla que supone tener un cuerpo sano y cuidarlo.
Lo mejor es hacerse amiga/o del dolor porque enseña mucho por ejemplo nos hace ver nuestro rechazo, nuestra resistencia, que es lo que nos hace sufrir y doler más, entonces ahí van algunos remedios, que puedo valorar por propia experiencia como muy buenos, no sólo para el dolor sino para cualquier emoción negativa que tanto nos hace sufrir, como la ira, la envidia, el orgullo, la pereza, y sobre todo con la enfermedad.
Se inspira lo negativo y se espira lo positivo, sea lo que sea, al revés de como lo sabíamos, siempre inspirábamos lo bueno y rechazábamos lo malo, pero todo lo malo que echemos al mundo nos será devuelto y todo lo bueno que echemos al mundo también, con la prontitud del rayo, eso sí siempre hay que entregarse a esta práctica, viviéndola y creyendo en su eficacia.
Ya sabemos relajarnos físicamente, si no sabemos tendremos que aprender, pero aún tenemos que aflojar más profundamente, lo que toca es ablandar las resistencias, los miedos, los dolores, las emociones negativas, aceptarnos sin claudicar, confiar en que podemos llegar a sanarnos y a cuidarnos mejor que nadie.
Dentro de nosotros está nuestra mejor amigo/a. Intimemos con ella/él y aprenderemos a amar a los demás como se merecen. Para ello El Toglén es la práctica reina . Al principio te costará tiempo, media hora , dependiendo del tiempo que tardes en aprenderla bien, pero cuando la aprendas verás que puede llevarte menos tiempo con la misma eficacia.
La Práctica del Toglén: Meditación Reflexiva.
1º : Respirar el dolor, meterte en él: Inspira el dolor plenamente, poniendo la conciencia en el lugar donde duela, como si abrazaras el dolor y te hicieras una con él. Espira el bienestar, la salud, varias veces hasta que veas que el dolor se está calmando y que tú estás más tranquila/o. Funciona en la medida que aprendas a hacerlo.
2º : Inspira tu dolor y el dolor de todos los seres que están sufriendo el mismo dolor que tú.
Visualízalos, son millones en el mundo los que están sufriendo exactamente lo mismo que tú.
Espira el bienestar, el sentirte querido, la felicidad y siente como le llega a todos esos seres y les sana al igual que a ti, porque tú formas parte de ellos.
"Soham" es el mantra que lo explica y que conviene recitar a menudo con el corazón:
Yo soy tú, tú eres yo.
Haz varias respiraciones, nueve por ejemplo, o las que necesites para sentirte algo mejor.
3º : Inspira tu dolor y el de todos los seres que están sufriendo un dolor mayor que el tuyo, visualízalos y siente su dolor, el dolor de la madre que perdió al hijo, el del enfermo terminal, el del criminal, el del que sufre trastornos nerviosos que no puede controlar, hay tanto dolor en el mundo que te vendrán imágenes de todo tipo, venga lo que venga inspíralo y con la alquimia de tu corazón puedes transformarlo en felicidad, paz, amor, y eso es lo que espiras, siente como le llega a todos y a ti incluida/o, y se sienten y te sientes relajada/o y feliz. Repite todo lo que necesites hasta darte cuenta de que el bien que le hacemos a los demás nos lo hacemos a nosotros mismos.

Otros remedios:-

Aloe y miel : Una hoja grande ó dos medianas de aloe fresco biológico. Lavarla y pelarla dejándole un poco de piel, cortar en trozos y echarla en la batidora con tres cucharadas grandes de miel. Se bate todo y se reserva en un bote de cristal cerrado herméticamente en la nevera. Se tomará una cucharadita tres veces al día. Cuando se acabe la mezcla se vuelve a hacer.

La miel y la Canela: Hierve en dos litros de agua una barra de canela en rama 10 minutos. Cuélalo en recipientes de cristal y guárdalos en la nevera, tómate un vaso diario de la infusión de canela calentita con una cucharadita de miel. Preferiblemente por la mañana en ayunas ó cuando te sientas cansada/o, ya que la canela da marcha.

Magnesio y amaroli: Compra magnesio efervescente y al levantarte por la mañana en la primera orina que recojas en un vaso echa un comprimido y tómatelo en ayunas.

Descansa y reposa todo lo que puedas, pon tu conciencia donde te duela y masajea con las manos y con la mente. Relájate en tu cuerpo, escúchalo y aprende a darle lo que necesita para ser feliz.

Haz tres respiraciones uniendo mente y corazón, fusiona tu cuerpo con tu mente, que suele andar vagando por ahí fuera, son una unidad que casi siempre suele estar escindida, el cuerpo no es un servidor de la mente, el cuerpo es la casa de la conciencia base. Siente esa unión y descubrirás el alivio y la paz que genera la presencia.

Practica el ayuno, de vez en cuando, un día, dos, tres.

Pasea y haz algún ejercicio que te venga bien.

Disfruta haciendo lo que tengas que hacer.

Distiende cada día todo lo que puedas las tensiones que te asalten.

Estate contigo a solas un rato cada día.

Cuídate amigo/a porque eres muy querido/a. Siéntelo.

martes, 23 de noviembre de 2010

Intimar. Poema 31.

Mar de Nubes. Acrílico2004. Blanca

Intimar

Ser hoja errante
en la polvareda encendida.

Andar sólo mis pasos
por la geografía del espíritu.

Saber de límites,
encontrar mis propias leyes
acordes con mi sentir.

Salir al mar,
sentir su espacio en olas
dentro de mí.

Descansar en la arena,
desprender centellas.
Tenderme sobre las dunas
que bailan con el sol.

En contacto íntimo
con el agua, con el fuego, con la tierra, con el aire.
Animada por el viento, por la lluvia, por el cielo.
Encontrarme contigo en la danza del vivir.

Blanca. Nov. 2009. Valdelama.

domingo, 21 de noviembre de 2010

El Miedo y la Intrepidez del Guerrero



Imagen:R.Varo.





“Cuando miro cara a cara a mis demonios se esfuman y revelan que no son sino mi propia energía vital”.





Reconocer el miedo no es causa de depresión ni de desánimo. Porque poseemos el miedo tenemos también, potencialmente, derecho a la vivencia de la intrepidez. La verdadera intrepidez no consiste en reducir el miedo, sino en trascenderlo.

Para poder experimentar la intrepidez es necesario vivenciar el miedo. La esencia de la cobardía consiste en no reconocer la realidad del miedo. El miedo puede asumir muchas formas.

Lógicamente, sabemos que no podemos vivir eternamente;
sabemos que vamos a morir, y tenemos miedo. Nuestra muerte nos petrifica de miedo.

A otro nivel, tenemos miedo de no ser capaces de arreglárnoslas con las exigencias del mundo, un miedo que se expresa en la forma de un sentimiento de incapacidad. Sentimos que nuestra propia vida es abrumadora y que afrontar el resto del mundo aún es más abrumador. Está también el miedo brusco, el pánico, que surge cuando súbitamente en la vida se nos da una situación nueva. Cuando sentimos que no podemos hacer frente a estas situaciones, nos sobresaltamos, nos crispamos.

A veces, el miedo asume la forma de agitación: garabatos en un cuaderno de apuntes, tamborileo de los dedos, no poder estar quieto en nuestro asiento. Sentimos como si tuviéramos que mantenernos continuamente en movimiento, como el motor de un coche. Los pistones suben y bajan, suben y bajan, y mientras sigan moviéndose, nos sentimos a salvo. Tememos que, si dejaran de moverse, nos moriríamos allí mismo.

Innumerables son las estrategias que usamos para apartar nuestros pensamiento del miedo. Hay quienes toman tranquilizantes, hay quienes hacen yoga. Algunos miran la televisión o leen revistas o se van a un bar a tomarse una cerveza. Desde el punto de vista del cobarde, el aburrimiento es algo que hay que evitar, porque cuando nos aburrimos empezamos a sentirnos angustiados. Estamos acercándonos a nuestro miedo. Hay que buscar diversiones y evitar cualquier pensamiento relacionado con la muerte.

La cobardía es, pues, el intento de vivir nuestra vida como si no se conociera la muerte. Ha habido épocas en la historia en las que mucha gente ha partido en busca de un elixir que le diera longevidad. Si tal cosa existiera, para la mayoría de la gente sería horroroso. Si tuviéramos que vivir mil años en este mundo, sin morirnos, muchos nos suicidaríamos, sin duda, muchísimo antes de cumplir los mil años. Incluso si pudiéramos vivir eternamente, no podríamos evitar la realidad de la muerte y del sufrimiento que nos rodea.

Es menester reconocer el miedo. Tenemos que darnos cuenta de nuestro miedo y reconciliarnos con él. Debemos atender a cómo nos movemos, cómo hablamos, cómo nos conducimos, cómo nos mordemos las uñas, cómo a veces, inútilmente, nos matemos las manos en los bolsillos. Así aprederemos algo sobre la forma en que el miedo se expresa mediante la agitación. Debemos darnos cuenta de que el miedo está al acecho en nuestras vidas, siempre, en cualquier cosa que hagamos.
Por otra parte, reconocer el miedo no es causa de depresión ni de desánimo. Porque poseemos el miedo tenemos también, potencialmente, derecho a la vivencia de intrepidez. La verdadera intrepidez no consiste en reducir el miedo, sino en trascenderlo. Lamentablemente, en castellano no existe una palabra que lo diga de esa manera. Una de las que más se aproximan es intrépido (de in, negativo, y trepidus, alarmado), pero en nuestro contexto, al hablar de intrépido no queremos decir que uno no tiene miedo, sino que lo ha trascendido.

Empezamos a trascender el miedo cuando examinamos nuestro miedo: nuestra angustia, nerviosismo, preocupación e inquietud. Si profundizamos en nuestro miedo, si miramos debajo del barniz que lo recubre, lo primero que encontramos por debajo del nerviosismo es tristeza. El nerviosismo está todo el tiempo vibrando, dando vueltas a la manivela. Cuando disminuimos las revoluciones, cuando nos relajamos y aceptamos nuestro miedo, nos encontramos con la tristeza, que es tranquila y dulce.

La tristeza nos hiere en el corazón, y el cuerpo responde con una lágrima. Antes de llorar sentimos una sensación en el pecho y, después de eso, se nos forman lágrimas en los ojos. Cuando nuestros ojos están a punto de deshacerse en lluvia o cascada, nos sentimos tristes y solos, y quizás, al mismo tiempo románticos. Es el primer asomo de la intrepidez, y la primera señal de un auténtico espíritu de guerrero. Tal vez nos imaginemos que al vivenciar la intrepidez, uno oirá los primeros compases de la Quinta Sinfonía de Beethoven o verá una gran explosión en el cielo, pero las cosas no se dan de esa manera. En la tradición shambaliana, descubrir la intrepidez es trabajar con la vulnerabilidad del corazón humano.

El nacimiento del guerrero es como el primer brote de los cuernos del reno. Al principio los cuernos son muy blandos, casi como de goma, y sobre ellos crece pelusa. En realidad, todavía no son cuernos; apenas unos amorfos brotes llenos de sangre. Después, a medida que el reno crece, los cuernos se fortalecen, seles forman cuatro puntas, o diez, o hasta cuarenta puntas. La intrepidez, al comienzo, es como esos cuernos blandos, que parecen cuernos, pero que todavía no sirven para pelear. Cuando al reno le aparecen por primera vez los cuernos, no sabe qué hacer con ellos. Debe resultarle muy incómodo tener esas protuberancias blandas y deformes en la cabeza. Pero después empieza a darse cuenta de que tiene que tener cuernos; de que los cuernos forman parte natural de su condición de reno. De la misma manera, cuando a un ser humano le empieza a nacer el corazón tierno y sensible de su condición de guerrero, puede ser que se sienta sumamente torpe o que no sepa bien cómo relacionarse con esa forma de intrepidez. Pero después, a medida que va vivenciando con más intensidad esa tristeza, se da cuenta de que los seres humanos tienen que ser sensibles y abiertos.
Entonces ya no necesita sentir timidez ni vergüenza por ser sensible; en realidad, su vulnerabilidad comienza a volverse apasionada. Quisiera extenderse hacia los demás y comunicarse con ellos.

Cuando la sensibilidad evoluciona en esa dirección, uno puede verdaderamente apreciar el mundo que lo rodea. las percepciones sensoriales se vuelven muy interesantes. Uno es ya tan sensible y está tan abierto que no puede dejar de abrirse a lo que sucede a su alrededor. Cuando ve el rojo o el verde, el amarillo o el negro, reacciona ante ellos desde lo más profundo de su corazón. Cuando ve que alguien está llorando o riendo, o que tiene miedo, también a eso reacciona.

Llegado a este punto, su nivel inicial de intrepidez va evolucionando hasta desembocar en el espíritu del guerrero. Cuando uno comienza a sentirse cómo siendo una persona bondadosa y decente, sus cuernos de reno ya no están recubiertos de pelusa; se están convirtiendo en cuernos de verdad. Las situaciones se vuelven muy reales y, por otra parte, muy comunes y corrientes. El miedo se convierte naturalmente en intrepidez de manera muy simple y muy directa.

El espíritu de guerrero ideal consiste en sentir tristeza y ternura; es por eso que el guerrero puede ser, además, muy valiente. Si uno no siente esa tristeza de todo corazón, la valentía es tan frágil como una taza de porcelana. Si uno la deja caer se romperá o cascará. Pero la valentía del guerrero es como una taza lacada, un cuenco de madera cubierto de capas y capas de laca. Si la taza se cae, rebotará en vez de romperse. Es blanda y dura a la vez


SHAMBALA, LA SENDA SAGRADA DEL GUERRERO. Chögyam Trunga Rinpoche.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Vida sin ti. Poema 28.









Mar de Nubes. Acrílico 2004. Blanca.
Vida sin ti. (Poema 28)
Sentir sin pensar.
Ver sin nombrar.
El mar sin nadie que lo contemple:
Vida sin ti.
Hoyando mi pie la arena
se me confunde la carne
con huesos de memoria.
Olvido las palabras que de ti me separan,
dibujo el mapa de tu presencia,
navego por la geografía de tu cuerpo
para que el olvido no me arrebate
la memoria de tus días junto a mí.
A mi pesar, a mi contra ya te fuiste
y me dejaste exhausta
desprovista de todas las ausencias.
Nov.2010.Blanca.