lunes, 4 de mayo de 2009

Alexandra David-Néel. Mujeres Artistas 3.

Alexandra y Yongden.
Alexandra David-Néel (1868-1969)

Alexandra David-Néel fue sucesiva o simultáneamente orientalista, cantante de ópera, periodista, exploradora, anarquista, espiritualista, budista y escritora franco-belga.
Es conocida principalmente por su visita a Lhasa (1924), capital del Tíbet, ciudad prohibida a los extranjeros.
Escribió más de 30 libros acerca de sus experiencias, de las enseñanzas recibidas en sus múltiples viajes, de sus aventuras espirituales.
Sus enseñanzas fueron trasmitidas por sus principales amigos y discípulos: Yondgen y el francés Swami Asuri Kapila (Cesar Della Rosa).
Sus obras han sido muy bien documentadas e influyeron en los escritores "beat" Jack Kerouac y Allen Ginsberg, y en el filósofo Alan Watts.

Apuntes biográficos

Nacida en París, a los seis años se mudó a Ixelles. El padre de Alexandra fue profesor (y militante republicano a raíz de la revolución de 1848, amigo del geógrafo anarquista Élisée Reclus), y su madre una mujer católica que quiso para ella una educación religiosa. Alexandra frecuentó durante toda su infancia y su adolescencia al anarquista Élisée Reclus. Éste la lleva a interesarse por las ideas anarquistas de la época (Max Stirner, Mikhail Bakunin...) y por las ideas feministas que le inspiraron la publicación de "Pour la vie".
Por otra parte, se convirtió en colaboradora libre de La fronde, periódico feminista administrado cooperativamente por mujeres, creado por Marguerite Durand, y participó en varias reuniones del « consejo nacional de mujeres francesas » o italianas aunque rechazó algunas posiciones adoptadas en estas reuniones (por ejemplo, el derecho al voto), prefiriendo la lucha por la emancipación a nivel económico, según ella causa esencial de la desgracia de las mujeres que no pueden disfrutar de independencia financiera. Por otra parte, Alexandra se alejó de estas « amables aves, de precioso plumaje », refiriéndose a las feministas procedentes de la alta sociedad, que olvidaban la lucha económica a la que debían enfrentarse la mayoría de las mujeres

El 4 de agosto de 1904 se casó en Túnez con Philippe Néel conocido en el casino de Túnez, ingeniero en jefe de los ferrocarriles tunecinos, de quien era amante desde el 15 de septiembre de 1900. Aunque su vida en común fue a veces tempestuosa, estuvo siempre impregnada de respeto mutuo. Se terminó definitivamente el 9 de agosto de 1911 por su marcha para su segundo viaje a la India (1911-1925). No obstante, después de esta separación ambos esposos entablaron una abundante correspondencia que no acabaría hasta la muerte de Philippe Néel en febrero de 1941. Desgraciadamente, de esta correspondencia sólo se conservan las copias de las cartas escritas por Alexandra; parece que las escritas por su marido se perdieron debido a las tribulaciones de Alexandra en la guerra civil china, a mediados de los años 1940.

En 1914, conoció en un monasterio al joven monje Aphur Yongden(1899-19559), al que adoptaría más tarde. Fue el perfecto compañero de viajes a través del Tibet y escribió un sólo libro:"El Poder de la Nada", que Alexandra tradujo al francés.

Alexandra y su tulpa.

A través de sus viajes y largas estancias en el Tibet fue adquiriendo gran conocimiento de la sabiduría budista Tibetana. Su curiosidad y deseo de llegar siempre más allá la impulsaron a veces a lugares de difícil regreso, siempre bordeando los límites, traspasando lo desconocido por su ansia de aprender y descubrir.
Existía una práctica budista, “la creación de un tulpa”,que podía ser peligrosa si uno no estaba suficientemente preparado. Alexandra se mostró muy interesada y deseosa de practicarla. Los lamas budistas le advirtieron que era una enseñanza nada recomendable, pues consiste en la creación de un fantasma generado a través de nuestra mente. Alexandra fue advertida de que estas creaciones podían volverse peligrosas o incontrolables.
Haciendo caso omiso de sus maestros, fascinada por la aventura de crear una entidad, un tulpa visible, tangible, y de comprobar así el poder de la mente se retiró y se concentró en la práctica. Visualizó lo que quería crear, imaginó un monje de baja estatura, gordito y por supuesto alegre y de inocente actitud.
Cuando practicó lo suficiente aquella entidad apareció frente a ella. Al principio obedecía y hacía todo lo que Alexandra le pedía. Con una sonrisa fija en su rostro, el monje accedía sin rechistar a lo que ella le ordenaba, pero.... no siempre fue así y aquel tulpa comenzó a realizar actividades que no les había sido encomendadas. Tal era la independencia de aquel fantasma de apariencia corpórea que los demás monjes lo confundían con uno más. El rostro del tulpa, a medida que se independizaba, se iba transformando, su afable sonrisa se convirtió en pícara y maliciosa, su mirada pasó a ser malévola y esquinada. Comenzó a ser un problema para todos los que convivían con Alexandra , ella misma comenzó a sentir miedo y a comprender que había llegado demasiado lejos.
Le costó mucho deshacerse de él, nos lo cuenta en “Magic and Mysteri in Tibet”, Alexandra David-Néel narra los seis duros meses que duró el invertir aquel proceso hasta conseguir que su creación se desvaneciera:
“No hay nada extraño en el hecho que pueda haber creado mi propia alucinación. Lo interesante es que en estos casos de materialización, otras personas ven las formas de pensamientos creadas.”- declaró la antropóloga cuando posteriormente se le concedió una medalla de oro por La Sociedad Geográfica de París y fue nombrada Caballero de la Legión de Honor.

La Tulpa es, para los tibetanos, la proyección material de una forma concebida por el espíritu. Es una especie de fantasma materializado, creado por un monje o un iniciado al término de determinadas prácticas meditativas. Puede tomar cualquier forma, de un animal, de un paisaje, de un objeto ó de un ser humano.No es una simple visión, sino un fenómeno dotado de consistencia física, capaz de emitir olores, sonidos, etc.
Alexandra escribió tras su regreso a París: "Viaje de una Parisina a Lhasa", publicado en 1927, en el que nos cuenta sus experiencias.
Fue testigo de la creación de estas formas mentales. En una de esas ocasiones , vio aparecer el doble exacto del hombre que realizaba el experimento y pudo incluso tocarlo. En otra ocasión vio aparecer el doble de un lama que ella conocía y que se encontraba entonces a bastantes kilómetros de allí. Todo esto la llevaría a la creación de su tulpa.
Como gran luchadora, emprendió su último viaje, cuando cumplió cien años, al Himalaya.
“La aventura será mi única razón de ser”- sentenció una vez, antes de sumergirse en un nuevo reto.
Alexandra era una mujer de retos, como cuando se propuso pasar dos largos años en una cueva y dedicar todo el tiempo a la meditación. Acompañada únicamente de su maestro, Alexandra aprendió tibetano y el tantrismo budista en una cueva a 4.000 metros de altitud.
Alexandra se preparaba a fondo caminando a diario 40 kilómetros. Fue capaz de superar temperaturas extremas, animales salvajes, hambre y enfermedades.
“Para aquél que sabe mirar y sentir, cada minuto de esta vida libre y vagabunda es una auténtica gloria” – confesaba emocionada a sus seguidores, disfrazada de mendiga, con la cara ennegrecida por el hollín y el cabello oscurecido con tinta china.


Sea como sea, su historia es un ejemplo de lucha y constancia, del coraje de vivir una vida lo más plena y consciente posible.

En la próxima entrada podremos leer dos relatos de Alexandra, aunque no son totalmente originales (recogidos de fuentes orientales), su factura y su estilo si lo son: Directos, escuetos, sobrios, despliegan las enseñanzas con las que mantuvo un idilio de por vida.

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