domingo, 15 de marzo de 2009

HACER-NO-HACIENDO. WEY-WU-WEY.


El alcornocal 1. Foto. Primavera 2004.

El lugar determina la calidad de la morada.
La profundidad determina la calidad del pensamiento.
El amor determina la calidad del trato.
La verdad determina la calidad de la palabra.
En el orden se manifiesta la calidad del gobierno.
El saber hacer determina la calidad de la obra.
El momento adecuado determina la calidad del movimiento.
Lao Tse.


Hacer-No-Haciendo: Wey-Wu-Wey.

La concepción taoísta del Wu-Wey (No acción), concepción del hacer no haciendo, no sólo es taoísta, sino también chamánica , budista y de aquellos que a la contemplación se dedican.

Los chamanes toltecas hablaban de los “no haceres” , del comportamiento desacostumbrado, de romper los hábitos, de abandonar los juicios, del desatino controlado, un guerrero del infinito no tiene opiniones ni nada que defender, sólo tiene su “intento”: Intentar siempre que surja ese ser consciente que logra hacer del instante su eternidad.

Los taoistas tratan de retornar a la acción espontánea, a la visión abierta del niño que juega y disfruta del instante, porque aún no está esclavizado por prejuicios y hábitos. Así el sabio, como el aire, el mar, el fuego y la tierra, actúa.

Para los budistas la meditación es su principal no hacer, la conciencia del instante, la apertura y la claridad de la amorosa vacuidad. Meditación en acción que recibe y acepta todo lo que viene como una oportunidad para ser no siendo, sin apegos y sin rechazo con plena confianza en nuestro verdadero ser. La plena presencia en cada acto logra la conversión de los haceres en “no haceres” al dotarlos de conciencia, transforma, invierte, crea una nueva percepción que comprende y trasciende la realidad.

La referencia constante al yo, la egomanía, nos lleva a la manipulación, a la intervención contínua, a querer hacer y a no dejar que se haga, a impedir que suceda y a ejecutar cualquier acción fútil, con tal de no parar , de no ver; como en el juego del yoyó (curioso nombre), que baila siempre en la misma dirección en su constante vaivén.
Empujamos el río, como si el río se pudiera empujar.

Para los taoístas la aceptación receptiva de la voluntad del cielo es la ley del sabio y actúa conforme a ella sin interferencias egoícas que terjiversen y estropeen su natural hacer. Es el camino trazado por el cielo, es llegar al Tao, puesto que la ley de la tierra es el cielo y la ley del cielo es el Tao.

He seleccionado tres poemas del Tao Te Ching, llenos de sabiduría y belleza:


LII.

El origen del universo
es la madre de todas las cosas.
Quien encuentra a la madre
conoce a los hijos.
Quien al conocer a los hijos,
retorna a la madre,
terminará sus días sin peligro.

Quien cierra la boca
y guarda sus sentidos
nunca se debilitará.
Quien abre la boca
y multiplica sus actividades,
no podrá salvarse.

Ser lúcido es ver lo ínfimo.
Conservarse pequeño es mantenerse fuerte.
Usa la luz para retornar a tu interior.
Eso te mantendrá a salvo.
Eso se llama seguir el Tao.

LVII.

Aunque uno gobierne el país con rectitud
y resuelva los conflictos anticipándose al enemigo
sólo puede conquistar el universo a través de la no-acción.
¿Por qué afirmo esto?
Cuando más prohibiciones haya,
tanto más se empobrecerá el pueblo.
Cuantas más armas haya,
tanto más sufrirá la tierra.
Cuantas más personas cultiven el ingenio y la astucia,
tantas más cosas extrañas sucederán.
Cuantas más leyes y órdenes se promulguen,
mayor será el número de ladrones y malhechores.

Por eso el sabio dice.
Porque tiendo a la no-acción, el pueblo se transforma por sí mismo.
Porque amo la quietud, el pueblo se corrige por sí mismo.
Porque no hago nada, el pueblo se enriquece.
Porque estoy libre de deseos, el pueblo disfruta de una vida sencilla.

LXIII.

Quien practica la no-acción
y se ocupa de no hacer nada
paladea lo que no tiene sabor,
ve el infinito en un grano de polvo,
y la abundancia en la escasez.
A la amargura le contesta con dulzura.
Busca lo fácil en lo difícil.
Descubre la grandeza de lo pequeño.

En el universo las cosas difíciles empiezan por lo fácil.
En el universo las cosas grandes empiezan siendo pequeñas.
Por eso el sabio nunca emprende grandes obras
y así lleva a cabo su gran tarea.

El que promete con facilidad rara vez podrá mantener su palabra.
El que todo lo considera fácil hallará muchos obstáculos.
El sabio todo lo considera difícil
y por eso nunca encuentra dificultades.

Lao Tse. Tao Te Ching.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Qué jarte tieneh quiya!

Marisa dijo...

Lo del yo-yó me ha dejado impactada. No me había fijado nunca en lo bien que le viene el nombre.
Bueno, nos has dado material para estudiar varias vidas.
Por cierto, estoy con Cris, lo tuyo es jarte, jarte,..
Besos,
Marisa