martes, 30 de noviembre de 2010

La Tristeza y la Alegría del Guerrero

El Vagabundo. R. Varo


Según el budismo la palabra guerrero no se refiere a quien manifiesta agresión o violencia sino a quien lucha contra el deseo de victoria personal.

Para un guerrero, lo importante no es afirmarse o imponerse frente a los demás, sino ser fiel a su propio corazón, palabra del mismo origen etimológico que “valentía y coraje”. El coraje y la valentía consisten en dejarse sentir el corazón abierto y vulnerable.

“Si permanecemos en sintonía con el corazón y sentimos su cualidad sin juzgarlo ni reaccionar impulsivamente contra él, descubrimos que debajo de todos los altibajos emocionales hay un sentimiento más profundo, tierno y constante. En el centro del corazón hay una profunda e inalterable sensación de tristeza y alegría que proviene de estar abiertos al mundo y de responder a él profundamente”.
(Jeremy Hayward.“Camino de Shambhala”)

Normalmente tenemos miedo de la profundidad de ese sentimiento que nos deja al desnudo. Sin embargo el verdadero guerrero debe, según Ch.Trungpa “sentir tristeza y ternura; por eso el guerrero puede ser, además, muy valiente. Si uno no siente esa tristeza de todo corazón, la valentía es tan frágil como una taza de porcelana. Si uno la deja caer se romperá y se cascará” “Cultivar el corazón auténtico de la tristeza es el verdadero camino”. “Si queremos ser plenamente humanos no debemos inmunizarnos contra el mundo, sino abrirnos a él”.
Ch.Trungpa R. (Shambala: La senda sagrada del guerrero.)

“Sad”, la palabra inglesa que define el hecho de estar triste viene del latín "satis", que significa “bastante” “justo lo necesario”. Así que en este término hay un sentido de plenitud y riqueza que aparece en nuestra palabra "satisfacción".

La tristeza no tiene nada que ver con la concepción corriente que la asocia a una forma de depresión, sino que es la cualidad natural del corazón humano, tierno y pleno a la vez. Esta experiencia imparcial de plenitud lo abarca todo con profunda unidad.

“El guerrero que hace frente a su existencia y a su miedo magnetiza una dignidad poderosa, llamada Wuantang, término tibetano que significa literalmente “campo de poder”. Ch. Trungpa prefiere traducirlo por “presencia auténtica”, en efecto ese poder es una sensación de confianza muy profunda que irradia y nos pone en relación directa con la realidad. Es la fuerza de la vida desplegada en todo su apogeo.
Dicho poder, so pena de transformarse en veneno, no puede servir para confirmar nuestra existencia, sino que es como un viento de alegría que nos pone al desnudo. En palabras de Trungpa: “La experiencia personal de ese viento se da como una sensación de estar completa y poderosamente en el presente”. Así pues, no hay razón alguna para tener miedo de ese poder”.
(Fabrice Midal. Trungpa. Biografía).



domingo, 28 de noviembre de 2010

El Tonglén y otros remedios.

Paisaje. Bella Segovia

Sabemos que los dolores y los obstáculos son nuestros amigos y aliados, el cuerpo avisa de mil maneras que algo hemos de hacer para que no nos haga daño. Por ejemplo querernos más y mejor, darnos cuenta de la maravilla que supone tener un cuerpo sano y cuidarlo.
Lo mejor es hacerse amiga/o del dolor porque enseña mucho por ejemplo nos hace ver nuestro rechazo, nuestra resistencia, que es lo que nos hace sufrir y doler más, entonces ahí van algunos remedios, que puedo valorar por propia experiencia como muy buenos, no sólo para el dolor sino para cualquier emoción negativa que tanto nos hace sufrir, como la ira, la envidia, el orgullo, la pereza, y sobre todo con la enfermedad.
Se inspira lo negativo y se espira lo positivo, sea lo que sea, al revés de como lo sabíamos, siempre inspirábamos lo bueno y rechazábamos lo malo, pero todo lo malo que echemos al mundo nos será devuelto y todo lo bueno que echemos al mundo también, con la prontitud del rayo, eso sí siempre hay que entregarse a esta práctica, viviéndola y creyendo en su eficacia.
Ya sabemos relajarnos físicamente, si no sabemos tendremos que aprender, pero aún tenemos que aflojar más profundamente, lo que toca es ablandar las resistencias, los miedos, los dolores, las emociones negativas, aceptarnos sin claudicar, confiar en que podemos llegar a sanarnos y a cuidarnos mejor que nadie.
Dentro de nosotros está nuestra mejor amigo/a. Intimemos con ella/él y aprenderemos a amar a los demás como se merecen. Para ello El Toglén es la práctica reina . Al principio te costará tiempo, media hora , dependiendo del tiempo que tardes en aprenderla bien, pero cuando la aprendas verás que puede llevarte menos tiempo con la misma eficacia.
La Práctica del Toglén: Meditación Reflexiva.
1º : Respirar el dolor, meterte en él: Inspira el dolor plenamente, poniendo la conciencia en el lugar donde duela, como si abrazaras el dolor y te hicieras una con él. Espira el bienestar, la salud, varias veces hasta que veas que el dolor se está calmando y que tú estás más tranquila/o. Funciona en la medida que aprendas a hacerlo.
2º : Inspira tu dolor y el dolor de todos los seres que están sufriendo el mismo dolor que tú.
Visualízalos, son millones en el mundo los que están sufriendo exactamente lo mismo que tú.
Espira el bienestar, el sentirte querido, la felicidad y siente como le llega a todos esos seres y les sana al igual que a ti, porque tú formas parte de ellos.
"Soham" es el mantra que lo explica y que conviene recitar a menudo con el corazón:
Yo soy tú, tú eres yo.
Haz varias respiraciones, nueve por ejemplo, o las que necesites para sentirte algo mejor.
3º : Inspira tu dolor y el de todos los seres que están sufriendo un dolor mayor que el tuyo, visualízalos y siente su dolor, el dolor de la madre que perdió al hijo, el del enfermo terminal, el del criminal, el del que sufre trastornos nerviosos que no puede controlar, hay tanto dolor en el mundo que te vendrán imágenes de todo tipo, venga lo que venga inspíralo y con la alquimia de tu corazón puedes transformarlo en felicidad, paz, amor, y eso es lo que espiras, siente como le llega a todos y a ti incluida/o, y se sienten y te sientes relajada/o y feliz. Repite todo lo que necesites hasta darte cuenta de que el bien que le hacemos a los demás nos lo hacemos a nosotros mismos.

Otros remedios:-

Aloe y miel : Una hoja grande ó dos medianas de aloe fresco biológico. Lavarla y pelarla dejándole un poco de piel, cortar en trozos y echarla en la batidora con tres cucharadas grandes de miel. Se bate todo y se reserva en un bote de cristal cerrado herméticamente en la nevera. Se tomará una cucharadita tres veces al día. Cuando se acabe la mezcla se vuelve a hacer.

La miel y la Canela: Hierve en dos litros de agua una barra de canela en rama 10 minutos. Cuélalo en recipientes de cristal y guárdalos en la nevera, tómate un vaso diario de la infusión de canela calentita con una cucharadita de miel. Preferiblemente por la mañana en ayunas ó cuando te sientas cansada/o, ya que la canela da marcha.

Magnesio y amaroli: Compra magnesio efervescente y al levantarte por la mañana en la primera orina que recojas en un vaso echa un comprimido y tómatelo en ayunas.

Descansa y reposa todo lo que puedas, pon tu conciencia donde te duela y masajea con las manos y con la mente. Relájate en tu cuerpo, escúchalo y aprende a darle lo que necesita para ser feliz.

Haz tres respiraciones uniendo mente y corazón, fusiona tu cuerpo con tu mente, que suele andar vagando por ahí fuera, son una unidad que casi siempre suele estar escindida, el cuerpo no es un servidor de la mente, el cuerpo es la casa de la conciencia base. Siente esa unión y descubrirás el alivio y la paz que genera la presencia.

Practica el ayuno, de vez en cuando, un día, dos, tres.

Pasea y haz algún ejercicio que te venga bien.

Disfruta haciendo lo que tengas que hacer.

Distiende cada día todo lo que puedas las tensiones que te asalten.

Estate contigo a solas un rato cada día.

Cuídate amigo/a porque eres muy querido/a. Siéntelo.

martes, 23 de noviembre de 2010

Intimar. Poema 31.

Mar de Nubes. Acrílico2004. Blanca

Intimar

Ser hoja errante
en la polvareda encendida.

Andar sólo mis pasos
por la geografía del espíritu.

Saber de límites,
encontrar mis propias leyes
acordes con mi sentir.

Salir al mar,
sentir su espacio en olas
dentro de mí.

Descansar en la arena,
desprender centellas.
Tenderme sobre las dunas
que bailan con el sol.

En contacto íntimo
con el agua, con el fuego, con la tierra, con el aire.
Animada por el viento, por la lluvia, por el cielo.
Encontrarme contigo en la danza del vivir.

Blanca. Nov. 2009. Valdelama.

domingo, 21 de noviembre de 2010

El Miedo y la Intrepidez del Guerrero



Imagen:R.Varo.





“Cuando miro cara a cara a mis demonios se esfuman y revelan que no son sino mi propia energía vital”.





Reconocer el miedo no es causa de depresión ni de desánimo. Porque poseemos el miedo tenemos también, potencialmente, derecho a la vivencia de la intrepidez. La verdadera intrepidez no consiste en reducir el miedo, sino en trascenderlo.

Para poder experimentar la intrepidez es necesario vivenciar el miedo. La esencia de la cobardía consiste en no reconocer la realidad del miedo. El miedo puede asumir muchas formas.

Lógicamente, sabemos que no podemos vivir eternamente;
sabemos que vamos a morir, y tenemos miedo. Nuestra muerte nos petrifica de miedo.

A otro nivel, tenemos miedo de no ser capaces de arreglárnoslas con las exigencias del mundo, un miedo que se expresa en la forma de un sentimiento de incapacidad. Sentimos que nuestra propia vida es abrumadora y que afrontar el resto del mundo aún es más abrumador. Está también el miedo brusco, el pánico, que surge cuando súbitamente en la vida se nos da una situación nueva. Cuando sentimos que no podemos hacer frente a estas situaciones, nos sobresaltamos, nos crispamos.

A veces, el miedo asume la forma de agitación: garabatos en un cuaderno de apuntes, tamborileo de los dedos, no poder estar quieto en nuestro asiento. Sentimos como si tuviéramos que mantenernos continuamente en movimiento, como el motor de un coche. Los pistones suben y bajan, suben y bajan, y mientras sigan moviéndose, nos sentimos a salvo. Tememos que, si dejaran de moverse, nos moriríamos allí mismo.

Innumerables son las estrategias que usamos para apartar nuestros pensamiento del miedo. Hay quienes toman tranquilizantes, hay quienes hacen yoga. Algunos miran la televisión o leen revistas o se van a un bar a tomarse una cerveza. Desde el punto de vista del cobarde, el aburrimiento es algo que hay que evitar, porque cuando nos aburrimos empezamos a sentirnos angustiados. Estamos acercándonos a nuestro miedo. Hay que buscar diversiones y evitar cualquier pensamiento relacionado con la muerte.

La cobardía es, pues, el intento de vivir nuestra vida como si no se conociera la muerte. Ha habido épocas en la historia en las que mucha gente ha partido en busca de un elixir que le diera longevidad. Si tal cosa existiera, para la mayoría de la gente sería horroroso. Si tuviéramos que vivir mil años en este mundo, sin morirnos, muchos nos suicidaríamos, sin duda, muchísimo antes de cumplir los mil años. Incluso si pudiéramos vivir eternamente, no podríamos evitar la realidad de la muerte y del sufrimiento que nos rodea.

Es menester reconocer el miedo. Tenemos que darnos cuenta de nuestro miedo y reconciliarnos con él. Debemos atender a cómo nos movemos, cómo hablamos, cómo nos conducimos, cómo nos mordemos las uñas, cómo a veces, inútilmente, nos matemos las manos en los bolsillos. Así aprederemos algo sobre la forma en que el miedo se expresa mediante la agitación. Debemos darnos cuenta de que el miedo está al acecho en nuestras vidas, siempre, en cualquier cosa que hagamos.
Por otra parte, reconocer el miedo no es causa de depresión ni de desánimo. Porque poseemos el miedo tenemos también, potencialmente, derecho a la vivencia de intrepidez. La verdadera intrepidez no consiste en reducir el miedo, sino en trascenderlo. Lamentablemente, en castellano no existe una palabra que lo diga de esa manera. Una de las que más se aproximan es intrépido (de in, negativo, y trepidus, alarmado), pero en nuestro contexto, al hablar de intrépido no queremos decir que uno no tiene miedo, sino que lo ha trascendido.

Empezamos a trascender el miedo cuando examinamos nuestro miedo: nuestra angustia, nerviosismo, preocupación e inquietud. Si profundizamos en nuestro miedo, si miramos debajo del barniz que lo recubre, lo primero que encontramos por debajo del nerviosismo es tristeza. El nerviosismo está todo el tiempo vibrando, dando vueltas a la manivela. Cuando disminuimos las revoluciones, cuando nos relajamos y aceptamos nuestro miedo, nos encontramos con la tristeza, que es tranquila y dulce.

La tristeza nos hiere en el corazón, y el cuerpo responde con una lágrima. Antes de llorar sentimos una sensación en el pecho y, después de eso, se nos forman lágrimas en los ojos. Cuando nuestros ojos están a punto de deshacerse en lluvia o cascada, nos sentimos tristes y solos, y quizás, al mismo tiempo románticos. Es el primer asomo de la intrepidez, y la primera señal de un auténtico espíritu de guerrero. Tal vez nos imaginemos que al vivenciar la intrepidez, uno oirá los primeros compases de la Quinta Sinfonía de Beethoven o verá una gran explosión en el cielo, pero las cosas no se dan de esa manera. En la tradición shambaliana, descubrir la intrepidez es trabajar con la vulnerabilidad del corazón humano.

El nacimiento del guerrero es como el primer brote de los cuernos del reno. Al principio los cuernos son muy blandos, casi como de goma, y sobre ellos crece pelusa. En realidad, todavía no son cuernos; apenas unos amorfos brotes llenos de sangre. Después, a medida que el reno crece, los cuernos se fortalecen, seles forman cuatro puntas, o diez, o hasta cuarenta puntas. La intrepidez, al comienzo, es como esos cuernos blandos, que parecen cuernos, pero que todavía no sirven para pelear. Cuando al reno le aparecen por primera vez los cuernos, no sabe qué hacer con ellos. Debe resultarle muy incómodo tener esas protuberancias blandas y deformes en la cabeza. Pero después empieza a darse cuenta de que tiene que tener cuernos; de que los cuernos forman parte natural de su condición de reno. De la misma manera, cuando a un ser humano le empieza a nacer el corazón tierno y sensible de su condición de guerrero, puede ser que se sienta sumamente torpe o que no sepa bien cómo relacionarse con esa forma de intrepidez. Pero después, a medida que va vivenciando con más intensidad esa tristeza, se da cuenta de que los seres humanos tienen que ser sensibles y abiertos.
Entonces ya no necesita sentir timidez ni vergüenza por ser sensible; en realidad, su vulnerabilidad comienza a volverse apasionada. Quisiera extenderse hacia los demás y comunicarse con ellos.

Cuando la sensibilidad evoluciona en esa dirección, uno puede verdaderamente apreciar el mundo que lo rodea. las percepciones sensoriales se vuelven muy interesantes. Uno es ya tan sensible y está tan abierto que no puede dejar de abrirse a lo que sucede a su alrededor. Cuando ve el rojo o el verde, el amarillo o el negro, reacciona ante ellos desde lo más profundo de su corazón. Cuando ve que alguien está llorando o riendo, o que tiene miedo, también a eso reacciona.

Llegado a este punto, su nivel inicial de intrepidez va evolucionando hasta desembocar en el espíritu del guerrero. Cuando uno comienza a sentirse cómo siendo una persona bondadosa y decente, sus cuernos de reno ya no están recubiertos de pelusa; se están convirtiendo en cuernos de verdad. Las situaciones se vuelven muy reales y, por otra parte, muy comunes y corrientes. El miedo se convierte naturalmente en intrepidez de manera muy simple y muy directa.

El espíritu de guerrero ideal consiste en sentir tristeza y ternura; es por eso que el guerrero puede ser, además, muy valiente. Si uno no siente esa tristeza de todo corazón, la valentía es tan frágil como una taza de porcelana. Si uno la deja caer se romperá o cascará. Pero la valentía del guerrero es como una taza lacada, un cuenco de madera cubierto de capas y capas de laca. Si la taza se cae, rebotará en vez de romperse. Es blanda y dura a la vez


SHAMBALA, LA SENDA SAGRADA DEL GUERRERO. Chögyam Trunga Rinpoche.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Vida sin ti. Poema 28.









Mar de Nubes. Acrílico 2004. Blanca.
Vida sin ti. (Poema 28)
Sentir sin pensar.
Ver sin nombrar.
El mar sin nadie que lo contemple:
Vida sin ti.
Hoyando mi pie la arena
se me confunde la carne
con huesos de memoria.
Olvido las palabras que de ti me separan,
dibujo el mapa de tu presencia,
navego por la geografía de tu cuerpo
para que el olvido no me arrebate
la memoria de tus días junto a mí.
A mi pesar, a mi contra ya te fuiste
y me dejaste exhausta
desprovista de todas las ausencias.
Nov.2010.Blanca.

sábado, 17 de julio de 2010

Poema a Marián

Renacer. Acuarela 2008.



Nada queda por hacer
A Marián

Llueve y no es fuera,
el rosal se estremece con el roce de las gotas de agua
No son los ojos,
sucede dentro lo que fuera ven.

Presiento el aire cálido y húmedo que aviva el fuego.
No es frío ni calor lo que se siente,
niégate a ponerle nombre.

La mano que escribe no es mi mano,
la mente no piensa, simplemente danza
sin compás alguno.
Siento que el cuerpo se estremece feliz
lejos del absurdo de la cadena lógica.

Un enjambre de células que burbujean placeres
habitan el espacio,
deshacen límites.

Nada queda por hacer,
sólo respirar
la lucidez abierta del espacio amante.

Blanca. Julio 2010.

jueves, 20 de mayo de 2010

Jodorosky y Castaneda.

Paisaje 18. Bella Segovia.


Jodorowski expresa mi sentir cuando habla de lo que aportó Castaneda al mundo, es por ello que lo cité ya en “Con Castaneda en California 3”.
Por varios años, fue ayudante de Pachita durante sus sesiones curativas.
En su libro “Psicomagia” cuenta su aprendizaje con ella. Y en la edición española del libro se cuenta el encuentro entre Castaneda y Jodorowsky.
Jodorowsky nos dice:

”Pachita aliviaba efectivamente a la mayoría de los que iban a verla. Por eso quise observarla y aprender de ella”

La entrevista comienza enlazando con lo anterior y nos la trae Darío Monti :-

-Pero situándote en una lógica un poco diferente: a diferencia de un Castaneda que, después de recibir el mensaje de don Juan se convierte él mismo en chamán, tú no pretendes ser brujo. Tú te contentas con asimilar ciertos principios universales para transportarlos a una actuación no mágica sino «psicomágica»...

-Sí, porque yo no procedía de una cultura llamada «primitiva». En mi opinión, salvo excepciones —no me pronuncio sobre el caso de Castaneda, a quien conocí en México en aquella época—, no puedes convertirte en chamán o brujo si no has nacido en un contexto primitivo. Con la mejor voluntad y la mayor amplitud de criterio del mundo, no se deshace uno tan fácilmente de todo su bagaje occidental y racional.

-Castaneda es un personaje inaprensible al que pocos pueden ufanarse de haber visto. ¿En qué circunstancias lo conociste?

En aquel entonces, en los años setenta, yo era muy conocido en ciertos medios, gracias a mi película El topo, que para muchos era una especie de referencia en materia de cine mágico. Castaneda había visto El topo dos veces, y le había gustado. Yo me encontraba en México en un restaurante en el que sirven unos filetes espléndidos y se bebe buen vino. Iba acompañado de una actriz mexicana que reconoció en el local a una amiga que estaba con un señor. Castaneda —que no era otro el señor—, al enterarse de quien era yo, envió a su amiga a nuestra mesa. La mujer me preguntó si quería conocer a Castaneda. «Desde luego —respondí—, ¡Soy un gran admirador suyo!» Ella dijo que él vendría a sentarse a mi mesa, pero yo insistí en ir a la suya.

-Una coincidencia novelesca...

¡La vida es novelesca! Propuse a Castaneda ir a su casa, pero él quiso venir a mi hotel. Éramos como dos chinos, rivalizando en cumplidos. Él no paraba de darme preferencia, y yo hacía otro tanto, por supuesto...

¿Y no dudaste de si realmente estabas en presencia de Castaneda?

Ni un instante. Más adelante, en Estados Unidos se publicó un libro en el que aparece un retrato suyo, un dibujo. Y es el retrato del hombre al que conocí.

-¿Cuál fue tu primera impresión?

-En México es fácil determinar la clase social a la que pertenece un hombre sólo con verle el físico. Castaneda tiene aspecto de camarero.

-¿ . . . ?

-Sí; tiene aspecto de hombre del pueblo; no es grueso, pero sí fornido, con el pelo crespo y la nariz un poco achatada: un mexicano de las clases populares. Pero, en cuanto abre la boca, se transforma en príncipe; detrás de cada palabra suya se percibe una gran cultura.

¿Da impresión de sabiduría?

-Más que sabiduría, de simpatía. En seguida nos hicimos amigos. Vestía con sencillez y estaba despachando un buen filete, regado con Beaujolais... No se parecía a don Juan sino al Castaneda que se manifiesta en los libros. Yo volvía a encontrarme con su tono, con su voz, por así decirlo...
Según tú, ¿sus libros narran hechos reales o son ficción?
Me es difícil pronunciarme. Mi impresión es que se funda sobre una experiencia real a partir de la cual elabora e introduce conceptos extraídos de la literatura esotérica universal. En sus libros encuentras el zen, las Upanishads, los tarots, el trabajo sobre los sueños... Una cosa es segura: que recorre realmente México para hacer sus investigaciones.

-¿Crees en la existencia de don Juan?

-No; creo que este personaje es un invento genial de Castaneda, que desde luego, ha conocido a varios brujos yaquis.

-¿Cómo se desarrolló vuestra conversación en la habitación del hotel?

-En primer lugar, llamó para avisarme de que llegaría con cinco minutos de adelanto. Me conmovió tanta delicadeza. Luego, cuando llegó, le dije: «No sé si eres un loco, un genio, un granuja o si dices la verdad.» Él me aseguró que no decía más que la verdad, y a renglón seguido me contó una historia increíble, de cómo don Juan, con una simple palmada en la espalda, lo había proyectado a cuarenta kilómetros de distancia... porque se había dejado distraer por una mujer que pasaba por allí... También me habló de la vida sexual de don Juan, que era capaz de eyacular quince veces seguidas. Por otra parte, me parece que al propio Castaneda le gustan mucho las mujeres. Me preguntó si no podríamos hacer una película los dos juntos. Hollywood le había ofrecido mucho dinero, pero él no quería que don Juan fuera Anthony Quinn... Entonces le empezó la diarrea, con mucho dolor de estómago, algo que, me dijo, no le ocurría nunca. También yo sentía fuertes dolores, en el hígado y en la pierna derecha. Era extraño que nos vinieran aquellos dolores cuando empezábamos a plantearnos un proyecto... El dolor hacía que nos arrastráramos por la habitación. Llamé a un taxi y lo acompañé al hotel. Después fui a hacerme operar por Pachita. Había instado a Castaneda a que fuera a conocer a aquella mujer excepcional, pero no compareció. Tuve que guardar cama durante tres días. Una vez restablecido, lo llamé al hotel, pero ya se había marchado. No he vuelto a verlo, la vida nos separó. Un guerrero no deja huella.

-Es decir, que te parece a la vez un tramposo y una persona muy interesante...

-Me contó sus historias de don Juan con tanta convicción... Yo estoy acostumbrado al teatro, a los actores, y no me pareció que mintiera. ¿Quizá esté loco y sea un genio?
Según tú, ¿cuál ha sido la aportación de Castaneda?
Su aportación ha sido inmensa: él creó una fuente de conocimiento diferente, la fuente sudamericana. Hizo revivir el concepto del guerrero espiritual... Volvió a poner de actualidad el trabajo sobre el sueño despierto. Sin duda, ha publicado demasiado, pero los editores norteamericanos hacer firmar contratos por una decena de libros... Y siempre, a pesar de todo, siempre tiene algo nuevo que decir, sus libros revelan muchas cosas olvidadas. De manera que, verdad o mentira, poco importa. Si es trampa, es una trampa sagrada...

Darío Monti añade estas palabras al final de la entrevista:-

Por casualidad, algún tiempo después de leer el libro de Jodorowsky, tuve la oportunidad de hablar con el propio Jodorowsky sobre su interés por el trabajo de Castaneda. Le dije que me parecía que la obra de Castaneda había influido mucho en sus películas. Estuvo de acuerdo, pero agregó que sin duda en el mismo grado en que sus películas influyeron en Castaneda al escribir sus libros. Recordó entonces su encuentro con Castaneda, en términos muy similares a los descritos más arriba. También me dijo que Federico Fellini, que hasta casi el final de su vida sintió la necesidad de hacer una película inspirada en los libros de Castaneda, se había puesto en contacto con él. Fellini estaba convencido de que sólo Jodorowsky era la persona adecuada para escribir el guión de esa película.
Aparte de esto, Jodorowsky también es conocido como autor de libros de comics. Su trabajo más importante en este campo es el Ciclo del Incal, hecho en colaboración con el artista de comics más grande de Europa, Moebius.
Es interesante advertir que también Moebius está relacionado en cierto modo con la obra de Castaneda. De hecho, afirma que parte se su más reciente producción de comics los hace mientras está en un estado de 'ensueño'. Esto nos parece plausible al verlos: algunos de sus dibujos son muy etéreos, como si estuvieran suspendidos en un extraño encantamiento. Para los que estén interesados, Dark Horse publica en Estado Unidos los comics de Moebius.
(*) N. del T.: Psicomagia. Una terapia pánica, por Alejandro Jodorowsky y Gilles Farcet, Editorial Seix Barral, Barcelona, 1995, 189 páginas; traducida del francés por Ana Mª de la Fuente, título original: Psicomagie / Approches d'une thérapie panique. Esta edición está agotada y no ha vuelto a publicarse otra.

En la galaxia de Khandro. Septiembre 2009.